Cuatro reflexiones sobre el reparto de la riqueza en el mundo

Juan Ramón Rallo comenta cuatro aspectos interesantes del último informe sobre riqueza global de Credit Suisse.

Dejando de lado los problemas de medir la riqueza y las precipitadas conclusiones que podrían extraerse de una lectura parcial de algunos datos, conviene también extraer otra información del informe de Credit Suisse que suele pasar desapercibida para la prensa interesada en transmitir una imagen amarillista sobre la evolución de la distribución de la riqueza.

  • Primero, la riqueza en los últimos quince años ha aumentado más en los países emergentes que en los países desarrollados: entre el año 2000 y 2015, la riqueza neta por adulto ha crecido un 71% y un 109% en Norteamérica y Europa; en cambio, se ha expandido un 191% en India, un 194% en América Latina y un 198% en China. Así, en el año 2000, el estadounidense medio era 82 veces más rico que el africano medio y 30 veces más rico que el chino medio: en 2015, lo es 52 veces más que el africano medio y 17 veces más que el chino medio.
  • Segundo, pese a lo anterior, el índice Gini mundial de riqueza (de riqueza, no de ingresos) sigue ubicándose en 0,91 (1 expresa máxima desigualdad; 0 expresa máxima igualdad). Se trata de un dato que expresa una muy elevada desigualdad pero que, para ponerlo en su contexto, debemos tener en cuenta que se trata de una cifra muy parecida a la de Dinamarca (0,89). En otras palabras, a escala mundial, la estructura de la distribución de la riqueza es muy similar a la distribución de la riqueza que exhibe Dinamarca. Frente a ello, España emerge como uno de los países desarrollados con una distribución más igualitaria de la riqueza, ya que su índice Gini es de 0,67.
  • Tercero, es verdad que el 1% de la población mundial posee el 50% de toda la riqueza y que el 10% de la población mundial posee el 90% de toda la riqueza (repito: unas proporciones muy similares a la de Dinamarca). Pero lo que ilustran estas cifras no es que exista una élite ultrarrica que retiene para sí patrimonios excesivos a costa del resto de la población, sino que la inmensa mayoría de la población mundial es muy pobre. No en vano, el 40% de los españoles forma parte de esa “élite” del 10% de personas más ricas del mundo y no parece que casi la mitad de la población española sea extremadamente acaudalada. Si el 90% de la población mundial no posee prácticamente nada, por definición el otro 10% será el propietario de casi todo (aunque en términos absolutos tampoco posea demasiado).
  • Cuarto, de lo que se trata, por consiguiente, no es de empobrecer a los ricos, sino de enriquecer a los pobres: lograr que cuenten con un marco institucional (capitalismo de libre mercado) en el que puedan ahorrar y acumular un patrimonio productivo del que ahora carecen. Muchos consideran, sin embargo, que la riqueza es una tarta dada que ya no puede crecer más: para que los pobres se enriquezcan sólo cabe empobrecer a los ricos. El argumento no es válido, dado que la riqueza media de los estadounidenses se halla en un 70% en forma de activos financieros (casi la mitad de los cuales son acciones). Es decir, el grueso de la riqueza del país más rico del planeta depende de ser copropietario de empresas productivas: cuantas más empresas haya y más productivas sean, mayor será la riqueza de la que podrán apropiarse los ciudadanos.
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