Claudio Sapelli desmonta las mentiras de la izquierda chilena sobre la desigualdad

20110609_librosapelliClaudio Sapelli ha desmontado la tesis de la izquierda chilena según la cual la desigualdad va a más como consecuencia del “modelo económico liberal” vigente en el país.

Como explica en su libro “Chile, ¿más equitativo”, la tasa de acceso a educación secundaria es del 68%, por debajo del 71% que registra la OCDE (datos cotejados con el informe Education at a glance 2010). Sin embargo, entre los jóvenes de 25-34 años de edad, la tasa llega al 85%, por encima de la media de los países desarrollados, que alcanza el 80%. Chile estaría por encima de Holanda, Noruega o Reino Unido (82%, 84% y 77% respectivamente).

En cuanto al Índice Gini que mide la desigualdad de ingresos, El Mostrador explica que “según los estudios del profesor Sapelli, el análisis de las cohortes más jóvenes en nuestro país, nos muestra una tendencia progresiva a la disminución de la desigualdad en la distribución del ingreso y un aumento de la movilidad social, pues las generaciones más jóvenes en Chile tienen más educación que sus padres y más oportunidades que ellos”.

csapelliY es que, como señala el diario Qué Pasa, “Sapelli analizó los registros económicos del siglo XX y determinó que a partir de fines de los ’50 y hasta fines de los ’70, las generaciones más jóvenes registran una mejora en los índices Gini de igualdad de 8 puntos, según los datos de la encuesta de ocupación de la Universidad de Chile, y de 12 puntos basándose en la encuesta Casen”.

Sapelli apunta que “se dice que Chile es muy desigual, que esta situación sólo ha empeorado con el pasar del tiempo y que este asunto no tiene remedio. Se dice que una persona que nace en una familia pobre permanecerá en esa situación durante toda su vida. Sin embargo, alguna de estas afirmaciones son cuestionables y, otras, derechamente erróneas, ya que no se apoyan en la evidencia empírica”.

Según recoge UC.CL, “el autor recalca que aquellas generaciones nacidas desde 1950 en adelante presentan niveles de desigualdad significativamente mejores y una movilidad social mayor a sus predecesoras, debido principalmente al mayor acceso a la educación. “Como tendencia, Chile está mejorando su distribución del ingreso en sus cohortes mas jóvenes. Son generaciones más equitativas, más horizontales”. En este marco, Sapelli insiste en que el correcto uso del análisis de cohortes permite arribar a una conclusión más optimista que desvirtúa la percepción de que Chile se encuentra en “el peor de los mundos”, es decir, una tierra de alta desigualdad y baja movilidad social”.

LAS TABLAS DE SAPELLI

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Más documentación, aquí.

PRIORIDADES DE FUTURO, SEGÚN SAPELLI

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Leer más.

ENTREVISTA CON SAPELLI (VÍA LYD)

Se ha repetido una y otra vez que la desigualdad en Chile está estancada y que es el actual modelo económico y social el responsable de perpetuar esta situación ¿Qué revela este estudio que hace mirar este dilema desde otro ángulo?

En este libro se llegan a conclusiones diferentes con los mismos datos de todos los estudios que hay en el área. Esto se explica porque se centra en el análisis de los diferentes cohortes. Sabemos que las personas nacidas en años similares viven realidades parecidas entre sí y diferentes a las que experimentan los que han nacido en otros años. Esto es especialmente importante en el caso de Chile porque es un país que ha cambiado mucho en poco tiempo en términos de indicadores económicos y sociales. Un ejemplo para ilustrar este rapidez del cambio es el acceso a la educación. Si comparamos el porcentaje de personas que tienen algo de educación secundaria en Chile para toda la población es más bajo que el mismo indicador para la OECD, pero si se compara este promedio sólo con el grupo que hoy tiene entre 25 y 35 años, Chile tiene un porcentaje de cobertura más alto. En el caso de otros países, como Estados Unidos, por ejemplo, no hay grandes diferencias entre el acceso a la educación en los diferentes cohortes de edad, quizás en esos casos no es tan útil, pero para Chile es sumamente relevante porque sus indicadores sociales han cambiado mucho.

Entonces, lo que se hizo fue tomar las 52 encuestas históricas de ocupación de la Universidad de Chile, que tenemos desde 1957 y los datos de las 9 CASEN que existen y, en base a estos datos,  estudiar la distribución del ingreso por cohorte. En ambos casos, se confirma que en las nuevas cohortes se ve una mejor distribución del ingreso que no se revela en los indicadores globales porque la población chilena ha envejecido mucho y pesan más las cohortes de más edad, que son más desiguales.

Este sería un mensaje esperanzador porque supondría que en el tiempo se iría mejorando el indicador total de distribución del ingreso chileno…

Es de esperarse que cuando se estabilice el proceso de envejecimiento se empiece a notar lentamente. Esta frustración general que vemos en el tema de la desigualdad, se revierte al estudiarlo por cohortes y eso da lugar a más optimismo.

¿Estas generaciones más jóvenes son menos desiguales principalmente porque han tenido más acceso a educación que sus padres?

Estos son fenómenos complejos, hay una multiplicidad de factores, pero entre los principales está sin duda la educación. En particular, es clave la distribución de la educación. Chile ha mostrado tener indicadores de desigualdad de educación muy estancados pero a partir de los nacidos en los años cincuenta se observa un proceso sistemático y constante de mejor distribución en este aspecto.

Además, hay un tema respecto del retorno a la educación. Antes, el “premio” por estudiar era altísimo, hoy sigue siendo alto pero al aumentar la oferta, han ido cayendo los retornos de la educación.

Otro de los lugares comunes que parece refutado en su estudio es la idea de que en Chile quienes nacen en la pobreza están condenados a mantenerse ahí toda su vida, que es prácticamente imposible superar la situación social en la que nacemos. De hecho, en las últimas semanas hemos visto fuertes manifestaciones marcadas por la idea de que el Estado debe hacerse cargo de la inmovilidad social.

Creo que estas manifestaciones son consecuencia de precisamente todo lo contrario, de la movilidad que hoy existe en la sociedad chilena. Antes, la educación terciaria era de elite, pero ahora se masificó. Durante mucho tiempo, graduarse de la universidad era sinónimo de asegurarse un buen salario, hoy es una apuesta. A la gran mayoría le va a ir bien, pero no a todos. Entonces, hay una realidad nueva que es la posibilidad de fracasar laboralmente aún teniendo educación superior. Y eso puede tener en su base la mala calidad de la educación básica y media.

Respecto a la movilidad, se estudió también por cohortes y se hizo en base a la movilidad por educación, dado que no hay datos disponibles para medir la movilidad por ingresos. Y la conclusión es que la movilidad mejora sustancialmente durante varias décadas y después se trancó. La investigación revela que esto se debió al congelamiento de las vacantes universitarias en los años 70 producto de la crisis fiscal. Las vacantes de la educación técnica, por ejemplo, se congelaron por 10 años y las universitarias  por unos 20. Las puertas se abrieron en ese mismo tiempo, pero fue recién durante los gobiernos de la Concertación que se masifica el acceso.

La buena noticia es que ya no hay restricciones para aumentar los cupos, entonces se debiera esperar que la movilidad continúe mejorando.

En términos de políticas futuras, ¿hacia dónde se debe avanzar para consolidar los avances en términos de desigualdad y de movilidad social que se reflejan en el libro?

Hay dos grupos de políticas públicas que son abordados: el de los sistemas educativos y el de la pobreza.

Con respecto a lo primero, la masificación de la educación terciaria es buena. Pero hay un tema pendiente en términos de calidad. Pronto surgirá como tema en Chile una discusión que se está dando en Estados Unidos hoy que es que aumentan las tasas de retorno de la educación superior pero no la cantidad de gente que accede a ella. Hay personas que no tienen el stock de capital humano suficiente para aprovechar la universidad y quizás para ellos será una mala decisión optar por ese camino porque no será exitoso dadas las carencias que tiene en la educación previa.

Por eso es clave partir con buena calidad desde el principio, desde la educación pre-escolar. Chile ha desarrollado una red de centros educativos, pero se ha hecho con un objetivo más de cantidad que de calidad. Y se ha montado de la manera en que se estructuraba el sistema antiguo básico y medio, lo que cual es inexplicable porque implica volver a cometer los mismos errores.

Hay que preocuparse de cómo van a generar competencia y permitir que entren fundaciones, ONG e instituciones religiosas a enriquecer la oferta y empoderar a los padres para que puedan optar.

Finalmente, hoy vivimos un debate bastante profundo sobre cómo combatir la pobreza y dónde poner el acento si en el crecimiento o en las transferencias. ¿Qué se puede aportar a esta discusión desde este estudio y desde su experiencia en el tema?

En el trabajo se confirma que la pobreza es un tema ligado a la juventud, hay muchos más niños pobres que adultos pobres en Chile. Ahí tenemos el primer problema porque muchas de las medidas se toman considerando a la tercera edad. Se entiende que ellos sí votan y los niños no, pero es desalentador.

Y segundo, hay una concepción bien instalada que está dejando de ser cierta: que la pobreza se asocia a ciertas características estructurales de las personas. Hoy la pobreza está más asociada a shocks individuales, a perder el trabajo, a enfermarse… Las políticas públicas siguen mirando la pobreza con esa mirada antigua.

El proyecto del Ingreso Ético Familiar precisamente busca hacerse cargo de eso, dando incentivos para que las personas se muevan hacia una mejor vida con su esfuerzo…

Es alentador. Cumplirá un rol siempre y cuando sea el centro de la política social y no un programa más entre los 300 que ya hay funcionando, que no conversan entre sí.

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