Cataluña: cuanto más nacionalismo, menos prosperidad

Interesante artículo de Manuel Llamas y Domingo Soriano que desgrana la preocupante evolución económica que ha seguido Cataluña conforme se ha profundizado el proceso soberanista. El documento original, publicado en Libre Mercado, se puede consultar aquí.

Uno de los principales argumentos que emplean los nacionalistas para vender las bondades del independentismo es que si Cataluña lograse separarse del resto de España sería mucho más rica y próspera.

Es imposible conocer el futuro. Nadie puede saber con seguridad qué ocurriría en caso de independencia. Aunque la más que previsible salida de la UE y el euro apuntan a un desplome del PIB catalán a corto/medio plazo y a una pérdida de algunos de sus principales mercados.

Es cierto que esto es futuro y nadie puede anticiparlo. Pero hay datos del pasado que sí nos pueden ayudar a saber lo que ocurriría en la Cataluña post-independentista. El nacionalismo vende que sus problemas económicos se deben a que tienen las manos atadas. Siguiendo esta narrativa, los políticos catalanes serían mucho más eficaces en la gestión de los intereses de su comunidad que los españoles, por lo que sólo habría que darles más poder para que las cosas les fueran mucho mejor.

El problema es que los datos no acompañan. En 1980, tras décadas de “centralismo opresor”, Cataluña era una de las regiones más ricas de España (junto con el País Vasco) y mucho más próspera que Madrid. Desde entonces, mientras los políticos nacionalistas acumulaban poder, competencias y recursos, su región se empobrecía en términos relativos respecto al resto de España. Tras más de tres décadas de nacionalismo, la economía catalana ha sufrido un importante deterioro si se compara con la Comunidad de Madrid.

Menos rica

Así, en 1980, Cataluña era, de lejos, la autonomía de régimen común más rica de España en términos absolutos: según los datos del INE su PIB total rozaba los 5,5 billones de las antiguas pesetas, un 35% más que el de Madrid. Su economía representaba entonces el 19,1% del conjunto de la riqueza nacional frente al 14,1% de Madrid; y su renta per cápita rondaba las 938.000 pesetas anuales, de modo que los catalanes ganaban de media un 6% más que los madrileños. Y todo ello con una diferencia poblacional de 1,3 millones de personas a favor de Cataluña.

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Desde entonces, las diferencias económicas entre ambas regiones se han ido estrechando de forma progresiva, hasta el punto de que, hoy por hoy, Madrid ha sustituido a Cataluña como el principal motor económico del país y hace mucho que le superó en términos per cápita.

En 1995, el PIB catalán, próximo a los 86.000 millones de euros, tan sólo superaba al de Madrid en 9.600 millones (un 12,5% más). Mientras, en 2007, en el punto álgido de la burbuja crediticia, la distancia entre una y otra ya se había reducido a menos de la mitad (un 5% más a favor de Cataluña). Durante la crisis, y en pleno órdago secesionista, este particular proceso de convergencia ha continuado su curso, de modo que a cierre de 2014, el PIB catalán tan sólo superaba en unos 2.000 millones al madrileño, un 0,5% más… aunque Cataluña tiene un millón de habitantes más.

Como resultado, el peso de ambas regiones en la riqueza nacional también ha cambiado de forma paulatina: en el año 2000, Cataluña representaba el 18,9% del PIB de España, mientras que el de Madrid ya ascendía al 17,7%; en 2007, la primera seguía estancada en el 18,8% frente al 18% de la segunda; mientras que en 2014 esta diferencia se reducía a sólo dos décimas porcentuales, con un 18,9% y un 18,7% del PIB nacional, respectivamente.

El ‘sorpasso’

Y la cuestión es que todo apunta a que el PIB de Madrid superará, por primera vez en la historia, al de Cataluña a cierre de 2015. La región madrileña está creciendo este año a un ritmo del 3,2% anual, algo superior al de Cataluña, de modo que en el segundo trimestre ya se situaba a sólo 1.700 millones de euros del PIB catalán.

Además, dado que la incertidumbre que se deriva del proceso secesionista se está traduciendo en menos inversión o atracción de capitales foráneos y un repunte en la salida de empresas, la economía catalana se resentirá, con lo que su PIB se podría situar por debajo del madrileño a finales de año, pese a contar con un millón de habitantes más.

Todo ello se ha traducido, igualmente, en una diferente evolución de los ingresos per cápita durante las últimas décadas. En 1980 los catalanes ganaban un 6% más que los madrileños; a lo largo de la década de los noventa se produjo el sorpasso. Así, los madrileños ya ingresaban un 7% más en el año 2000, algo más de un 12% en 2007, y casi un 15% más que los catalanes el pasado año. De nuevo, más competencias para los políticos nacionalistas equivale a peores datos económicos para sus ciudadanos.

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Y lo mismo sucede en materia de cuentas públicas. El déficit de Madrid se ha mantenido muy por debajo del catalán en las últimas décadas, demostrando así una mayor responsabilidad fiscal, especialmente durante la crisis.

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No es de extrañar, por tanto, que la deuda pública catalana se haya más que triplicado desde 2007, hasta superar el 32% del PIB regional en 2014 frente al 12,5% de Madrid. Y eso que Madrid contribuye al sistema de financiación autonómica bastante más que Cataluña. Cada madrileño aporta a la caja común tres veces más de media que cada catalán. Algo lógico, en cierto sentido: como son más ricos, ganan más y pagan impuestos.

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En la actualidad, la deuda regional se traduce en una factura de más de 8.700 euros por cada catalán frente a los 3.780 de cada madrileño.

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¿Emprendedores?

El resumen es que los nacionalistas han provocado que Cataluña pierda pie en cuanto al crecimiento económico. Y su gobernantes no pueden aducir que ha sido porque se hayan tenido que plegar a una supuesta austeridad impuesta desde Madrid. En realidad, como vemos, la deuda pública catalana es la más elevada de España en términos absolutos y la tercera si se mide en relación su el PIB de cada región. Es decir: ni crecimiento ni cuentas públicas equilibradas.

Pero los problemas no acaban aquí. Cataluña siempre ha presumido de ser la región más emprendedora de España. Muchas de las empresas españolas más importantes de los últimos 150 años nacieron allí y, al menos hasta mediados de los 80, muchas de las grandes empresas extranjeras que habrían sucursal en España escogían Barcelona antes que Madrid.

Pues bien, esto está cambiando. Según los datos del INE de Sociedades Mercantilesconstituidas, en los años 90 (la estadística comienza en 1995) en Cataluña se creaban más empresas que en Madrid: 99.684 frente a 94.438 entre 1995 y 1999. Son datos que tienen sentido, teniendo en cuenta que hay más de un millón de habitantes de diferencia entre una y otra.

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Sin embargo, también aquí Cataluña ha sido adelantada hace mucho tiempo. Como puede verse en la anterior tabla, a partir del año 2000, el número de sociedades creadas en Madrid es muy superior al de Cataluña. De nuevo, más competencias, más ingresos vía impuestos, menos centralismo y más poder para el nacionalismo catalán se traduce en menos generación de riqueza.

Artur Mas asegura que si le dan todo el poder, la tendencia cambiará y Cataluña se convertirá en la Holanda del sur de Europa. Eso sí, hasta ahora la dirección ha sido la contraria: a más poder para el nacionalismo, peor le ha ido a los catalanes.

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