Por qué la recuperación del empleo refleja un cambio estructural

Los datos de la EPA del tercer trimestre de 2014 confirman que España está creando empleo a un ritmo nada desdeñable. De hecho, la caída del paro que refleja la Encuesta de Población Activa ronda el 1,5%, frente a unas previsiones que anticipaban niveles inferiores al 0,5%. En suma, el periodo abril-junio registra un avance de 402.000 ocupados y una caída del desempleo de más de 310.000 personas.

¿Por qué esto confirma un cambio de tendencia que ya anticipé en más de 125 artículos pasados? Veamos los pilares del nuevo escenario:

  • El euro como “camisa de fuerza” benigna que nos obliga a ser más competitivos.
  • Las exportaciones como expresión de ese mayor dinamismo empresarial.
  • La flexibilidad laboral como catalizador de la recuperación del empleo.

Como consecuencia, y a pesar de los lastres fiscales y regulatorios, el crecimiento del PIB arroja datos cada vez más positivos. Esta evolución se produce en un contexto de desapalancamiento, por lo que hablamos de un desempeño especialmente positivo.

No pocos observadores despreciaron las primeras señales de la recuperación económica. Se dijo que el retorno de la inversión extranjera “no llegaría a la economía real”. Se dijo que la progresiva recuperación del Ibex 35 “no reflejaba la situación real del país”. Se argumentó que el “boom” exportador “no era un fenómeno permanente”. Se despreciaron muchas más señales: la mejora de los indicadores industriales, los números “récord” en el sector turístico… Hoy vemos que el cambio de tendencia que apuntamos unos pocos era, efectivamente, un punto de inflexión y no un “brote verde” sin sustancia.

Evidentemente, la situación española sigue siendo preocupante, especialmente por el grave problema del paro. No obstante, no es de recibo que quienes han alimentado dicho drama con su oposición a las medidas de flexibilidad laboral pretendan convertirse ahora en los ángeles de la guardia de los parados, siendo realmente sus verdugos.

España sale de la crisis y enfrenta poco a poco el dilema que anticipé hace meses, en el marco del debate que organizamos con David Taguas y Daniel Lacalle. Este dilema es la encrucijada que enfrenta a una España dispuesta a abrazar por fin las reformas liberales y a una España que se queda en el inmovilismo que ha dominado a nuestros legisladores desde 2008 hasta hoy.Esperemos que, en adelante, nos evitemos el masoquismo económico y optemos por las soluciones que están demostrando su valía.

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