Sobre la mejora de la educación chilena

Edgardo Zablotsky habla de la mejora de la educación que ha experimentado Chile en las últimas décadas:

Al fin y al cabo, hace 20 años quién hubiese pensado que hoy el sistema educativo chileno, con todos sus problemas y defectos, se convertiría en el mejor de América latina, tanto en términos de calidad, como lo demuestran los resultados alcanzados en los exámenes PISA; como de cantidad, al tener las más altas tasas de graduación de la escuela secundaria entre los países de la región. Es claro que en Chile algo se debe haber hecho bien para haberse convertido en el segundo país del mundo que en los últimos años registró un mayor progreso en términos de calidad educativa.

Aparentemente resulta fácil de olvidar que Chile ha sido uno de los pocos países de la región que en los últimos 20 años ha logrado reducir la brecha educativa entre el 20% más rico y el 20% más pobre de la población. Qué mejor ilustración de este hecho que el reporte en 2007 del Consejo Asesor para el Trabajo y la Equidad de la misma presidenta Michelle Bachelet, el cual señalaba que de los 500.000 estudiantes que se encontraban matriculados en Universidades chilenas, 7 de cada 10 eran los primeros miembros de su familia en acceder a ese nivel de educación.

Probablemente la respuesta más razonable nos la provea el galardonado escritor chileno Jorge Edwards, Premio Cervantes de Literatura, quien años atrás, frente a las manifestaciones estudiantiles contra el gobierno del por entonces Presidente Sebastián Piñera, señaló en una nota en el periódico español El País que “los estudiantes chilenos hablan de treinta años de retroceso en el país y proponen un cambio equivalente a una revolución. Tienen motivos para estar descontentos, pero usan ese lenguaje del todo o nada que parece nuevo, y que sin embargo se repite de generación en generación. El problema consiste en que las mejoras duraderas que están a nuestro alcance se construyen con paciencia, con razones en lugar de retórica. Sin borrarlo todo y partir de cero, sin creer en los paraísos en la tierra, que suelen desembocar en infiernos”.

Claudio Sapelli profundiza en estas cuestiones con esta columna de opinión publicada en La Tercera:

Los resultados de la prueba PISA nos vuelven a recordar lo mucho que nos falta para tener un sistema educativo de “primera división”.  Pero también nos recuerdan que el sistema educativo de Chile es el mejor de América Latina (AL). Este último no es un logro menor. Hace dos décadas cualquiera hubiera dicho que los mejores sistemas de la región eran los de Uruguay y Argentina. Algo se habrá hecho bien para que hoy Chile haya sobrepasado tanto a Uruguay como a Argentina.

Resulta curioso que se pretenda cambiar al sistema chileno por uno que se parezca mucho más al uruguayo. Definitivamente, algo está mal en un análisis en que el país que va ganando terreno, adopta el sistema del país que lo está perdiendo. De alguna manera lo que se pretende del sistema educativo chileno es “uruguayizarlo”, y a mí me parece que es un gran error. Y digo esto conociendo bien ambos (para los que no lo saben: soy uruguayo).

El sistema chileno ha sido exitoso. Los números nos dicen que ha pasado a ser el mejor de América Latina.  Tanto en términos de cantidad, en donde las tasas de graduación de media son por lejos las más altas de América Latina, como de calidad, en donde las prueba PISA ponen a Chile en el primer lugar de América Latina (a veces, junto con Uruguay).

Son los datos los que nos permiten separar hechos de opiniones. Así que insisto con ellos. Recientemente, un trabajo utilizando la prueba PISA muestra que Chile es el segundo país en el mundo que más progreso ha hecho en mejorar su calidad educativa en los últimos años. Todavía falta mucho y ésta es una de las áreas en que más se necesita progresar, pero no está mal que se esté progresando a una velocidad que está entre las más altas del mundo.

Una pregunta importante es si el sistema uruguayo no será más equitativo que el chileno. Pero no es así.  Los datos muestran que aun cuando Uruguay en términos de distribución del ingreso es sí un país más equitativo que Chile (y sustancialmente más equitativo), el sistema educativo chileno es más equitativo que el uruguayo. El sistema educativo chileno logra transformar lo que es una realidad de mayor desigualdad en ingresos de los padres en otra realidad de menor desigualdad de los resultados de la prueba PISA. El sistema chileno genera más equidad, el uruguayo, más inequidad.

A su vez, un estudio reciente del BID analiza los niveles de logro en términos de años de educación y el nivel de desigualdad de la educación en América Latina. Aquí Chile aparece como el “Campeón de América”: el país tiene el mayor promedio educativo y la menor desigualdad educativa de América Latina. Para medir desigualdad se utiliza el gap de educación entre el quintil 5 (más rico) y el 1 (más pobre). En términos del cambio de este gap en los últimos 20 años, Chile es de los pocos países en la región que lo disminuyen.

Entonces, evaluado en términos de los objetivos que quieren los promotores de los cambios propuestos actualmente, el sistema educativo chileno actual parece más apto para alcanzarlos que un sistema que se parezca más al uruguayo, como se pretende.

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