Del “crony capitalism” al “capitalismo choni”

Comentó Antonio España en Twitter que “más que un “capitalismo corporativista”, España tiene un capitalismo choni“. El primer término, de origen anglosajón, se refiere a la deformación de la economía de mercado promovida por grupos de interés que consiguen el favor político y cercenan así los procesos de competencia y liberalización.  El segundo término, simpática reinterpretacion de la idea de “capitalismo castizo”, particulariza en el caso español las deformaciones del mercado que ha acumulado nuestro país a lo largo de los años.

Desde Adam Smith hasta Milton Friedman pasando por Friedrich Hayek, no pocos economistas liberales han denunciado que la tentación intervencionista siempre ha seducido a muchos empresarios. El trato de favor, la protección y el rescate que puede brindar el Estado siempre es más cómoda que la continua adaptación a la que obligan los procesos de la competencia. No obstante, corresponde a las Administraciones diseñar el tipo de relación que guardan con el mercado, por lo que la responsabilidad última recae no en las compañías que se concentran en capturar rentas, sino en los legisladores que se las otorgan.

¿Defienden una utopía quienes creen que podemos aspirar a ese ideal de un mercado poco deformado e intervenido? Repasando los índices de libertad económica encontramos muchos ejemplos que nos dicen lo contrario. Por suerte, hay muchos países en los que los procesos de mercado funcionan de forma más dinámica y eficiente. Es el caso de Australia, Canadá, Suiza, Nueva Zelanda, Chile, Dinamarca… o, en menor medida, Estonia, Estados Unidos, Reino Unido, Holanda, Luxemburgo, Alemania o Suecia.

Son estos los “modelos” a los que apelamos quienes aspiramos a “limpiar” nuestros procesos de mercado, eliminando en lo posible los aspectos centrales del “capitalismo corporativista”, el “capitalismo castizo” o, si se quiere, el capitalismo choni.  Por tanto, no estamos aludiendo a fantasías ni utopías, sino comparándonos con otros miembros de la OCDE.

Quizá el escenario español resulta más sangrante (más choni) por el nefasto efecto de unir la “cultura del pelotazo” a una década de crédito barato. Los excesos de la “burbuja” apuntalaron un escenario económico lleno de aberraciones, marcado por deformaciones de mercado que jamás deberían haber ocurrido si la economía española se hubiese flexibilizado como correspondía para asumir el reto de competitividad que suponía entrar en el euro.

Para depurar estos errores y consolidar una economía menos colgada al favor político necesitamos que los legisladores y los reguladores renuncien a la influencia que amasan en determinados ámbitos. En parte, podría decirse que esto equivale a pedirle a alguien que se dispare en el pie. No obstante, la tozuda realidad económica y el corsé que supone el euro para los gobernantes pueden conducirnos hacia un escenario más favorable (y menos choni, claro está).

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