“El Ministro de Cultura de EEUU no acudió a una gala de los Óscar marcada por las críticas al gobierno”

Seguro que el titular que encabeza este artículo les resultará divertido: obviamente, en Estados Unidos no hay un Ministro de Cultura; además, parece evidente que los actores de Hollywood no desperdician sus grandes citas sectoriales atacando sistemáticamente a un partido político. En realidad, la política suele brillar por su ausencia en los Premios Óscar, y los profesionales del sector dedican la gala a celebrar su trabajo y poner en valor su esfuerzo y su creatividad.

Qué situación tan diferente la que encontramos en España. Sí, tenemos Ministerio de Cultura. Sí, muchos de nuestros actores y directores dedican la noche más importante de la industria a disparar todo tipo de dardos políticos al Partido Popular. Podríamos entrar a valor estas críticas, y sin duda cabría encontrar algunos puntos de acuerdo. Sin embargo, el verdadero problema es que el continuo acoso al PP en este tipo de ceremonias ha acabado extendiendo la idea de que el cine español no es más que un moderno mecanismo de propaganda socialista.
Ante semejante panorama, los agentes del sector deberían reflexionar sobre la imagen que proyectan. Kevin Spacey declaró recientemente que “a nadie le importa una m*erda lo que un actor piense sobre la actualidad política”. Puede que la indiferencia popular ante este tipo de pronunciamientos no sea tan fuerte como anticipa el protagonista de “American Beauty”, pero parece evidente que Spacey lleva parte de razón. En última instancia, el arte es arte y la política es política: podrán mezclarse, pero no deben confundirse.

Los Premios Goya nos muestran hasta qué punto la industria del cine español no entiende estas lecciones. Todos los titulares de la gala se dedican a hablar de la crítica política vertida por los invitados. Peor aún, los máximos galardones se entregan a películas que pasan de puntillas entre el público. Por ejemplo, en la edición de 2014, el el Premio a la Mejor Película fue para una película que no estaba ni entre las 125 más vistas del año.

Si acaso hubiese ganado otra de las películas nominadas, igualmente hablaríamos de un fracaso de taquilla. Como explica el portal Te Interesa, La Gran Familia Española costó 3,2 millones y recaudó 400.000 euros menos; 15 años y un día costó 3,6 millones y solamente dejó 423.000 euros en taquilla; Caníbal manejó un presupuesto de 2 millones y apenas vendió entradas por 95.000 euros; por último, La Herida recaudó 74.000 euros tras un desembolso de 2 millones de euros.

Por supuesto, no faltarán quienes respondan a estos datos afirmando falazmente que la piratería perjudica las ventas del sector cinematográfico. En realidad, las descargas suelen tener el efecto contrario; además, los propios portales “piratas” explican que solamente el 1% de los usuarios emplea estos mecanismos para ver cine español

Parte del problema está en que la industria se concentra en capturar subvenciones y no en conseguir público. De hecho, cuatro de cada diez películas no llegan a estrenarse en los cines. Quizá esto explica la fijación del sector con la política y el bajo atractivo que a menudo presentan las películas.

Otro problema es el de la distribución. Las salas de cine ganan más dinero cuando bajan el precio de las entradas. Directores de cine como Paco León rompen la baraja y presentan estrenos simultáneos en salas y en plataformas web. Son iniciativas así las que pueden cambiar el momento actual del mercado. Lo que está claro es que el sistema actual no funciona.

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