Otra locura: Montoro quiere gravar los beneficios que obtienen las empresas fuera de España

Cuenta Antonio Maqueda en Vózpopuli que, “a cambio de bajar el tipo del Impuesto de Sociedades hasta al menos el 25 por ciento, Hacienda quiere que las grandes empresas paguen más al Fisco por su actividad exterior. Así lo explican fuentes cercanas al Ministerio”. Primera falacia: si el tipo final de Sociedades se queda en el 25%, supondrá una rebaja en términos normativos pero no en términos reales, ya que el tipo efectivo que soportan las compañías españolas es del 19%.

La noticia afirma también que “siempre se dice que la diferencia entre el tipo legal y el efectivo es muy sustancial y que, por lo tanto, las grandes empresas sólo contribuyen con apenas un 4 por ciento de lo que ganan. Y si bien es cierto que en parte lo conseguían aplicándose un buen número de deducciones, tal afirmación resulta algo imprecisa e, incluso, parcialmente incorrecta”. Un ejemplo: el impuesto efectivo que paga el Ibex en el Impuesto de Sociedades es del 23%.

Como explica Maqueda, esa fiscalidad se produce por las actividades desarrolladas en nuestro país. Al margen de esto, “esas sociedades desarrollan actividades en el exterior y, por consiguiente, están tributando también en esos países foráneos. Es decir, abonan en España por el negocio de aquí y luego aparte pagan el impuesto que les toca en los otros países en los que tienen filial. Así, por ejemplo, una multinacional puede tributar en España al 30 por ciento, en Irlanda al 5 por ciento, en Chile en torno al 15 y en la República Checa sobre el 10. Y la idea que manejan en Hacienda consiste en que la empresa en cuestión abone por los beneficios repatriados la diferencia entre los tipos que abona en esos países y el tipo que habría soportado de haberlo pagado aquí. O dicho de otro modo, le descontaría en España lo que haya contribuido en el extranjero. Esto es, si en un país la empresa ha desembolsado un 10 y en España tiene que hacer frente a un 30, entonces al traerse los rendimientos habría de pagar por ellos los 20 puntos de diferencia. De hecho, ya se había establecido con carácter temporal que la repatriación de dividendos tributase en el pago fraccionado entre un 6 y un 12 por ciento que luego se devolvía a las empresas en la liquidación”.

Estamos ante un rejonazo fiscal que tendrá consecuencias desastrosas. En esencia, España estaría emulando el modelo fiscal de EEUU. Como explica el inspector de Hacienda Francisco de la Torre, “las multinacionales norteamericanas no suelen llevar de vuelta el dinero a EEUU con tal de evitarse los impuestos. “La fiscalidad de las filiales es el mayor problema de la fiscalidad internacional. Si gravas los dividendos es posible que las empresas no los repatríen y, al final, drenen la liquidez del país”

También hay otros obstáculos. Por ejemplo, “la directiva matriz-filial de la Unión Europea, que establece que cuando se tiene más del 5 por ciento de accionariado de una sociedad, entonces el dividendo de sociedad a sociedad está exento”. Por último, Maqueda recuerda que llueve sobre mojado:  “ya se ha limitado la deducción por gastos financieros, la deducción por fondo de comercio, la libertad de amortización y la compensación de bases imponibles negativas. Además, se ha inflado sustancialmente el pago fraccionado o adelantado. Todo con tal de aumentar los ingresos”.

LA IMPORTANCIA DE MANTENER UN SISTEMA TRIBUTARIO TERRITORIAL

Los sistemas tributarios territoriales son aquellos que gravan los beneficios empresariales generados dentro de la jurisdicción, eximiendo la totalidad (o más del 95%) de los obtenidos en el extranjero. Este modelo se opone al sistema de imposición global que mantienen Chile, EEUU, Irlanda, Israel, México y Corea del Sur. La consecuencia habitual de apostar por el segundo paradigma es que los beneficios obtenidos por filiales ubicas en el extranjero no son repatriados al país de la matriz, sino que permanecen en el extranjero, a veces en paraísos fiscales, a la espera de poder ser repatriados sin soportar una doble imposición.

En casos como el de Irlanda, su reducida fiscalidad permite que esta normativa no sea problemática. Sin embargo, en el caso de EEUU, donde las empresas pagan el Impuesto de Sociedades más alto de la OCDE, el resultado es nefasto. Por eso, el Senador Rand Paul ha propuesto una la aplicación de un impuesto reducido del 5% para la repatriación de beneficios obtenidos en el extranjero. Dicha medida generaría una recaudación fiscal de 36.000 millones y permitiría una entrada masiva de capitales, hoy fuera del país debido a la alta fiscalidad vigente.

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