Tesla y el “capitalismo de Estado”

obama-teslaImpulsada por Elon Musk, uno de los fundadores de PayPal, Tesla Motors se dedica a la fabricación y comercialización de vehículos eléctricos. Evidentemente, este mercado tiene potencial; además, el diseño y las características del coche añaden más razones para el optimismo. Sin embargo, el proyecto de Musk me genera cierta irritación por diferentes aspectos que paso a explicar a continuación.

De entrada, tengamos en cuenta que la lucha por desarrollar vehículos más “sostenibles” no es ajena a ninguna de las empresas del sector automovilístico. En Estados Unidos, compañías tan dispares como Toyota, Nissan, Chevrolet, Honda, Ford… llevan años caminando en esta dirección.

¿Por qué Tesla Motors no es sencillamente una empresa más del sector? En esencia, porque el proyecto de Musk estaba quebrado… hasta que el gobierno de Estados Unidos lo financió mediante un préstamo valorado en la friolera de 465 millones de dólares.

Este “salvavidas” financiado por los contribuyentes no solamente llegó a Tesla Motors: también Fisker Automotives, otra compañía dedicada a la fabricación de coches eléctricos, se benefició de un préstamo mediado por el gobierno de Estados Unidos, esta vez por 530 millones de dólares. La lista también incluye a la compañía fabricante de baterías eléctricas A-123, receptora de fondos federales por un valor de 270 millones de dólares.

Vemos, por tanto, que el Estado ha comprometido cientos de millones de dólares en diferentes procesos encaminados a financiar con dinero público estos proyectos privados. No pocos inversores privados habían apostado por Tesla Motors y Fisker Automotives. En el caso de Fisker, el fondo soberano de Catar o el político y ecologista Al Gore figuraban entre los socios del proyecto. No obstante, las jugosas inyecciones de capital privado que recibieron ambas firmas no habían servido para evitar el colapso de sus respectivos modelos de negocio.

Diversos analistas criticaron en su día que el experimento de Fisker se ensamblaba en una compleja cadena integrada por diferentes fábricas de Canadá, Finlandia y Noruega. Esto generaba una “huella de carbono” impropia de un proyecto cuyo principal argumento de venta era la “sostenibilidad” medioambiental.

La aventura de Fisker acabó en bancarrota. Algo parecido ocurrió con A-123. Por tanto, del triángulo de empresas que hemos analizado hasta ahora solamente queda en pie la protagonista de estas líneas: Tesla Motors. Su supervivencia, como ya hemos señalado, se explica en primer lugar por una monumental inyección de dinero garantizado por los contribuyentes.

El polémico préstamo de 465 millones de dólares fue el preludio de una incansable catarata de favores políticos que han apuntalado un proyecto muy alejado de las dinámicas características de los procesos emprendedores capitalistas.

El siguiente favor fueron las bonificaciones fiscales de 7.500 dólares. Mediante este crédito tributario, el presupuesto federal subvenciona la compra de estos vehículos. A esto se han unido jugosos créditos tributarios aprobados a nivel estatal en territorios como California o Illinois. Esta réplica aumenta el alcance de la subvención que está pagando todos los contribuyentes por la compra de cada automóvil hecho en la casa Tesla.

Con semejante esquema, no extraña que el despilfarro de recursos esté a la orden del día. Por ejemplo, Musk usó 40 millones del crédito mediado por el gobierno de EEUU para adquirir una planta de fabricación de General Motors y Toyota.

La fábrica en cuestión está ubicada en Fremont, cerca de San Francisco y Palo Alto. Esta planta tiene una capacidad de fabricación de 250.000 vehículos anuales. Sin embargo, Tesla produce diez veces menos, según las estimaciones para 2014. De hecho, en el momento en que se cerró la operación, la cadena de producción no llegaba a los 5.000 ejemplares. Una operación así difícilmente habría sido financiada en un marco de libertad y competencia económica.

Sin embargo, la riqueza generada por Musk a través del trato de favor que le han brindado las Administraciones también descansa en otra fuente de financiación más que cuestionable. Hablo del programa del Estado de California que obliga a las compañías automovilísticas a vender un determinado número de vehículos con “cero” emisiones de carbono.

Semejante iniciativa supone, en la práctica, un enorme subsidio forzoso que perjudica a los fabricantes convencionales y genera jugosas rentas para la empresa de Musk. ¿Por qué? Porque si una empresa automovilística no fabrica coches eléctricos, está obligada a comprar los “créditos” de “cero emisiones de carbono” a firmas que sí produzcan este tipo de vehículos.

Según el Los Angeles Times, estos “créditos” otorgan a Tesla unos ingresos de 250 millones de dólares al año. Ponderando este ingreso en relación con cada coche vendido, hablamos de un subsidio de 45.000 dólares por cada Modelo S que sale al mercado. Y todo ocurre en un Estado, California, en el que uno de los modelos menos contaminantes del mercado (el Toyota Prius) es líder de ventas.

Con semejante trato de favor, no sorprende que Musk cerrase trimestres en positivo a lo largo de 2013. Sin embargo, estas rentas generadas vía regulación “maquillan” las pérdidas que sigue registrando la operación de Musk. Cierto es que los márgenes han ido mejorando, pero la cuestión es si el proceso seguido para llegar a este punto ha sido justo.

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Personalmente, creo que los procesos de innovación empresarial son esenciales para el desarrollo de mercados competitivos. La clave de la prosperidad radica, por tanto, en establecer los incentivos que impulsen estas dinámicas. Subsidiar y privilegiar de forma sistemática a una empresa supone una mayúscula deformación del proceso capitalista. En la práctica, el Estado se convierte en juez y parte, decidiendo qué proyectos empresariales deben sobrevivir y qué iniciativas deben quebrar.

Como siempre, es fácil fijarnos en “lo que se ve”. Soy el primero que aprecia el avance tecnológico que pueden suponer proyectos como el de Musk. Sin embargo, “lo que no se ve” es el impacto que ha tenido el experimento Tesla en los contribuyentes estadounidenses y los demás fabricantes de automóviles.

Ejecutivos del sector como Sergio Marchionne (Fiat, Chrysler) han apuntado que el trato favorable que recibe Musk puede conducir al sector hacia un “masoquismo extremo” en el que se desarrollan modelos “bajo coacción del regulador” en vez de según procesos de competencia e innovación empresarial.

Por último, no me olvido del impacto que tiene la expansión monetaria en todo este circo. Tesla Motors salió a bolsa de la mano de Goldman Sachs, beneficiándose de la abundante liquidez que ha inyectado la Reserva Federal en el ámbito de la inversión. En un mercado con condiciones crediticias razonables, esta inyección jamás se hubiese producido. No obstante, solamente en el último año, la acción saltó de 30 a 180 dólares…

Como cierre, quiero destacar que mi oposición al proyecto de Musk se debe a las condiciones de favor regulatorio y fiscal en las que se ha desarrollado. En su apuesta hay buenos ejemplos de innovación tecnológica y también de modelo empresarial. Es digno de aplauso que Tesla plantee un mecanismo de distribución alternativo al de las concesionarias, ya que esto puede suponer un abaratamiento del precio que pagamos los consumidores por la compra de nuestros vehículos.

No obstante, veo muchas sombras en la breve historia de Tesla y, en definitiva, espero que, en el futuro, proyectos así se desarrollen en el marco del mercado, permitiendo su ajuste y su crecimiento bajo criterios de competencia. De lo contrario, estaremos fomentando un “capitalismo de Estado” incompatible con el establecimiento y el mantenimiento de instituciones económicas competitivas, inclusivas y flexibles.

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6 thoughts on “Tesla y el “capitalismo de Estado”

  1. Marqués dice:

    Bueno, que podemos decir frente a esto…..Nada.
    Un post de gran altura. Hacia ya tiempo que no escribía vd a este nivel. Me congratula verlo en plena forma. Felicidades…

    1. Marqués dice:

      No es que no me haya gustado la temporada 2014, pero creo que debería retomar el estilo de estos artículos. Al fin y al cabo, lo importante no es lo que vd cuenta de TESLA (superficie), si no el desarrollo que le da al ejemplo. Es esto último lo que le da profundidad al artículo :

      “Los procesos de innovación empresarial son esenciales para el desarrollo de mercados competitivos. La clave de la prosperidad radica, por tanto, en establecer los incentivos que impulsen estas dinámicas. Subsidiar y privilegiar de forma sistemática a una empresa supone una mayúscula deformación del proceso capitalista. En la práctica, el Estado se convierte en juez y parte, decidiendo qué proyectos empresariales deben sobrevivir y qué iniciativas deben quebrar.”…….OLE!!

      Saludos.

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