Shaxson y los “paraísos fiscales”

Nicholas Shaxson ha escrito un ensayo contra los paraísos fiscales. Por su interés, paso a reproducir algunos fragmentos del libro, titulado “Treasure Islands”. Después de este extracto de la publicación, expongo mis principales críticas a los argumentos del libro.

MÁS DE LA MITAD DEL COMERCIO MUNDIAL PASA POR LOS “PARAÍSOS FISCALES”

Los paraísos fiscales nos rodean. Más de la mitad del comercio mundial, pasa, al menos sobre el papel, por paraísos fiscales. Más de la mitad de los activos bancarios y un tercio de la inversión extranjera directa de las empresas multinacionales se desvían a los paraísos fiscales. En algunos sectores de los medios mundiales ha surgido la impresión, a partir de varias denuncias iniciales de paraísos fiscales por parte de los líderes mundiales en 2008 y 2009, de que el sistema de los paraísos fiscales se ha desmantelado, o al menos tranquilizado. De hecho, ha ocurrido justo lo contrario. El sistema de los paraísos fiscales goza de muy buena salud, y está creciendo rápidamente.

No es una coincidencia que Londres, que en su día fue la capital del mayor imperio que el mundo ha conocido, sea el centro de la parte más importante del sistema de paraísos fiscales del mundo. La red de paraísos fiscales de la ciudad consta de tres partes principales. Dos anillos interiores, las dependencias de la corona británica de Jersey, Guernsey y la Isla de Man, y sus territorios de ultramar, como las Islas Caimán, están fundamentalmente bajo el control de Gran Bretaña, y combinan finanzas de paraísos fiscales futuristas con políticas medievales. El anillo exterior está integrado por una mayor variedad de paraísos fiscales, como Hong Kong, que se encuentran fuera del control directo de Gran Bretaña pero con las que mantiene vínculos fuertes.

9780230105010Esta red de paraísos fiscales satélites revela ciertas cosas. Para empezar, proporciona a la ciudad un verdadero alcance mundial. Los paraísos fiscales británicos diseminados por todas las zonas horarias del mundo atraen y capturan capital móvil internacional que fluye hacia y desde jurisdicciones cercanas, del mismo modo que la tela de araña captura a los insectos que pasan por ella. Gran parte del dinero que atraen estos lugares, y los negocios que lo gestionan, se canaliza posteriormente hacia Londres.

Gran Bretaña controla y respalda las tres dependencias de la corona del anillo interior, pero cuentan con la suficiente independencia para permitir que Gran Bretaña afirme que «no podemos hacer nada al respecto» cuando otros países se quejan de abusos que salen de estos paraísos fiscales. Canalizan enormes cantidades de finanzas hasta la ciudad de Londres: en el segundo trimestre de 2009, el Reino Unido recibió una financiación neta de 332,5 miles de millones de dólares (215 miles de millones de libras) solo de estas tres dependencias de la corona. Los folletos financieros de Jersey lo plantean claramente. «Jersey», afirma, «representa una extensión de la City de Londres.»

Martyn Scriven, secretario de la Jersey Bankers’ Association, describió cómo creció la red de Jersey. «Lo que más desarrolla los negocios es la recomendación del cliente,» afirmó. «El cliente dirá, “estoy contento y me gustaría presentarte a mi amigo”, y así es como se construyen. Consigues algunas personas seriamente interesantes … alguien que se fue al extranjero como perforador hace 20 años puede estar ahora a cargo de las operaciones de la empresa en África occidental … Nosotros reunimos depósitos de gente rica de todo el mundo, y la mayor parte de esos depósitos se envían a Londres. Grandes porciones de dinero entran en Londres desde aquí.»

Como en las Caimán, Jersey ha protegido con esmero la ambigua relación con Gran Bretaña. Los más altos funcionarios del sector público son designados en Londres, sus leyes son aprobadas por el comité asesor de la reina de Londres, Gran Bretaña maneja las relaciones exteriores y la defensa de Jersey y el vicegobernador representa a la reina. Como en las Caimán, Gran Bretaña hace todo lo posible por ocultar su control. Y, al igual que en las Islas Caimán, la relación con la madre patria reafirma la riqueza y la industria de servicios financieros en las que Gran Bretaña intervendrá, de ser necesario, para proteger el paraíso fiscal de ataques externos. Su dinero está seguro en Jersey.

Los 14 territorios de ultramar, el siguiente anillo de la tela de araña, son los últimos puestos fronterizos que han sobrevivido del imperio británico formal. Con apenas un cuarto de millón de habitantes, entre ellos se incluyen algunas de las jurisdicciones más secretas del mundo: las Islas Caimán, Bermudas, las Islas Vírgenes británicas, Islas Turcas y Caicos y Gibraltar.

Al igual que las dependencias de la corona, los territorios de ultramar tienen relaciones políticas estrechas aunque ambiguas con Gran Bretaña. En las Caimán la persona más poderosa es el gobernador, designado por la reina. El gobernador se ocupa de la defensa, la seguridad interior y las relaciones exteriores. Él designa al inspector jefe de policía, al jefe de reclamaciones, al auditor general, al fiscal general, a la judicatura y a otros altos funcionarios. El tribunal de última instancia es el comité asesor de la reina en Londres.

Es el quinto mayor centro financiero del mundo, que acoge 80.000 sociedades registradas, más de tres cuartos de los fondos de cobertura, y 1,9 billones de dólares (1,2 billones de libras) en depósito, cuatro veces lo que hay en los bancos de la ciudad de Nueva York.

Por otro lado, el anillo exterior de la tela de araña británica también incluye a Hong Kong, Singapur, las Bahamas, Dubai e Irlanda, que son totalmente independientes pero están profundamente conectados con la ciudad de Londres.

Algunos argumentaron que Gran Bretaña estableció redes de paraíso fiscal simplemente por un deseo imprudente de que sus territorios de ultramar encontrasen su lugar en el mundo. Después de la segunda guerra mundial, una Gran Bretaña exhausta se dio cuenta de que su imperio, alguna vez una fuente de grandes beneficios, se estaba convirtiendo en algo más difícil y caro de gestionar, a medida que los locales empezaron a hacer campaña a favor de la independencia. Pero las pruebas apuntan a una explicación distinta y más problemática para la decisión británica de convertir a sus semicolonias en jurisdicciones secretas.

Los archivos cuentan una historia coherente sobre cómo crecieron los paraísos fiscales: los agentes del sector privado que trabajaban en una zona de libertad extrema empezaron a llevar la batuta con escasa oposición de Gran Bretaña y sus emisarios inexpertos.

LAS FALACIAS DE SHAXSON

El libro pretende “desmontar los argumentos a favor de los paraísos fiscales”. Según el autor, estas jurisdicciones se definen como “lugares en los que se busca atraer negocios ofreciendo estabilidad política y estableciendo condiciones que ayudan a sortear las reglas, leyes y regulaciones de otros países”. Personalmente, creo que deberíamos celebrar la existencia de jurisdicciones que pretenden atraer riqueza mediante instituciones de confianza. Siempre lo he dicho: prefiero los “paraísos fiscales” a los “infiernos fiscales”.

Peor aún, Shaxson juega a la ambigüedad cuando habla de “sortear” reglas, leyes y regulaciones. Evidentemente, su pretensión es asociar a los “paraísos fiscales” con la evasión tributaria. Sin embargo, buena parte de las transacciones que pasan por estas jurisdicciones son absolutamente legales y transparentes, en el marco de estrategias fiscales personales o empresariales que, legítimamente, buscan minimizar su factura impositiva. El autor del libro critica el secreto bancario, pues prefiere que los Estados tengan un acceso irrestricto a nuestra información financiera.

Esto ignora los graves problemas de acoso tributario que se dan en numerosas jurisdicciones del mundo. ¿Creen que el “secreto bancario” es innecesario? Piensen, por ejemplo, en una familia venezolana que se protege de la expropiación refugiando su fortuna en Panamá… ¿Acaso no tiene sentido que puedan protegerse de las confiscaciones mediante mecanismos como la competencia tributaria internacional y el secreto bancario? Peor aún: ¿ignora Shaxson que los acuerdos de intercambio de información no han parado de multiplicarse, dotando de mayor transparencia el proceso de supervisión de posibles irregularidades camufladas bajo un “secreto bancario”?

El libro también cuestiona que los “paraísos fiscales” sean jurisdicciones liberadoras para los contribuyentes de medio mundo. Citando el libro “Indignados”, apunta que solamente los ricos se benefician de los mismos. El problema es que, aunque a menudo se hable de estas operaciones como una cuestión elitista y de difícil acceso, cualquier persona puede canalizar su dinero hacia estas jurisdicciones. Busque en Google “Cómo abrir una cuenta en X” y sustituya X por el “paraíso fiscal” que desee. Ya verá que la cuestión no es tan difícil…

Lamentablemente, poca gente está al corriente de esta información. No es de extrañar: también escuchamos a menudo que las Sicav son “cosa de ricos”, a pesar de que algunas de las mejores de España están al abiertas a cualquier inversor que deposite cantidades muy limitadas de dinero. Por ejemplo, una de las Sicav de las que más se ha hablado en los últimos meses vende cada acción a menos de 20 euros. ¿De verdad vamos a seguir fingiendo que un producto así es “para ricos”? Por favor…

Además de todo lo anterior, también es importante decir que, incluso si no tenemos nuestro dinero en “paraísos fiscales”, estas jurisdicciones nos benefician como contribuyentes en la medida en que frenan los excesos recaudatorios de los gobiernos que prefieren subir los impuestos de forma compulsiva. Hoy en día, los Estados de la UE consumen, de media, el 50% del PIB… ¿Se imaginan cuánto manejarían si no existiesen estas válvulas de escape?

No me olvido tampoco de un argumento que Shaxson también ignora: las personas de bajos ingresos que no se refugian en la elusión fiscal tienen otra alternativa a su alcance que igualmente les otorga un beneficio tributario. Hablo de la “economía informal”, “sumergida”, “negra”… En España, se estima que este fenómeno mueve el 20% del PIB. Según el profesor Friedrich Schneider, toda una eminencia en este campo, más de la mitad de este “fraude fiscal” se explica por la presión fiscal. Pero, ya puestos a hablar de “paraísos fiscales”, veamos quienes pagan impuestos en las economías de nuestro entorno. En España, el 20% más rico aporta el 60% de todo lo recaudado por IRPF. El 10% suma el 42%, el 5% más rico genera el 30%, el 2% tributa el 20% y el 1% contribuye el 16%. Evidentemente, estas rentas altas suponen una parte muy importante de la recaudación y permiten que no pocos españoles estén exentos de pagar IRPF. Hablamos de gente de menores ingresos que, en lo tocante al IRPF, goza de un “paraíso fiscal” en toda regla.

El autor sí reconoce que los “paraísos fiscales” evitan la “doble tributación”. No obstante, añade que esto se podría conseguir mediante acuerdos bi-laterales. Estoy totalmente de acuerdo con esta interpretación, pero la pelota no está en el tejado de los “paraísos fiscales”: quienes deben hacer algo al respecto son los gobiernos que, hasta ahora, siguen manteniendo esquemas de doble imposición.

Shaxson se mete en otro berenjenal cuando defiende los impuestos a los beneficios empresariales, apuntando que “la incidencia del Impuesto de Sociedades recae principalmente sobre el capital, no sobre los trabajadores”. Su propio subconsciente le traiciona: Shaxson admite que este gravamen afecta a los empleados, pero subraya que el efecto mayor lo sufre la acumulación de capital. Llegados a este punto, podríamos citar los numerosos estudios que, a lo largo de las décadas, han desmentido esta tesis del autor, apuntando que son los salarios de los trabajadores los que más sufren el impacto de estos gravámenes, no el capital de la empresa o los precios, que también se ven afectados, pero en menor medida. Sin embargo, con ánimo de rizar el rizo, asumiremos por un momento la tesis de Shaxson. ¿Por qué? Porque incluso asumiendo que “el Impuesto de Sociedades recae principalmente sobre el capital”, estamos ante un planteamiento económico erróneo, según el cual esto sería un “mal menor”. No, Shaxson: gravar la formación de capital penaliza la creación de riqueza y limita la inversión y el crecimiento empresarial. Evidentemente, esto perjudica a inversores, pero también a trabajadores y consumidores.

La lista de despropósitos no acaba aquí. El autor recupera un clásico de los enemigos de la “competencia tributaria internacional” para apuntar que estos centros son zonas francas para el flujo de dinero ilícito. En realidad, los estudios sobre la financiación del crimen organizado suelen apuntar que hay mucho más “lavado de dinero” en las economías de la OCDE que en los “paraísos fiscales”.

Shaxson reconoce que los “paraísos fiscales” suelen ser “más prósperos que otros países”. Sin embargo, compara obscenamente esta riqueza generada a través de actividades lícitas con la fortuna de dictadores corruptos. El despropósito es tal que no merece mayor comentario. En otras páginas del libro, el autor critica la “competencia tributaria internacional”, denunciando que “siempre es malo” que dos países busquen establecer marcos fiscales más atractivos. Evidentemente, esta perspectiva es de lo más respetable, pero sin duda es ideológica. Shaxson prefiere que los gobiernos puedan subir los impuestos sin miedo a la deslocalización, mientras que otros entendemos que esa válvula de escape contendrá el ánimo recaudatorio de los hacendistas más voraces.

En el libro también se censura que los “paráisos fiscales” puedan “forzar” a un gobierno a bajar los impuestos. En realidad, el uso de la fuerza en estas dinámicas es nulo: si un país reduce su presión fiscal y otro no, el segundo es muy libre de mantener su marco tributario intacto… pero hay un precio, el precio del menor atractivo fiscal que, probablemente, implicará menos inversión, menos actividad económica, etc. Cierto es que un gobierno elegido democráticamente puede sentirse legitimado para extraer más impuestos… pero esta legitimidad también es plena entre aquellos gobiernos que deciden hacer lo contrario y bajar la presión fiscal. Por suerte, los ciudadanos y las empresas tenemos hoy muchas más posibilidades de elegir una u otra jurisdicción; de hecho, “deslocalizar” nuestros ahorros sin necesidad de salir del país añade comodidad y eficiencia este proceso.

Shaxson no niega que los “paraísos fiscales” sirven para canalizar la inversión hacia las mismas economías que se suelen quejar de su existencia. Un ejemplo de esta sinergia: solamente en el segundo trimestre de 2009, las Islas del Canal aportaron 330.000 millones de dólares a la economía de Gran Bretaña, generando liquidez para el sector financiero y posibilitando mayor inversión y ahorro. Otro ejemplo que menciona Shaxson es el de las Islas Mauricio, que canalizan casi la mitad de toda la inversión que llega a la India. Estos “viajes” del capital podrían evitarse con marcos fiscales menos punitivos, pero de momento representan un escape y una alternativa muy necesaria para mantener engrasada la maquinaria de prosperidad que llamamos globalizaicón capitalista.

Por último, un punto en el que sí estoy de acuerdo con el autor: la campaña de la OCDE es enormemente hipócrita, pues persigue “paraísos fiscales” fuera de sus jurisdicciones pero mantiene regímenes tributarios parecidos en su seno.

Colección de artículos en defensa de los “paraísos fiscales” y de la competencia tributaria

Los siguientes enlaces incluyen información y análisis en defensa de la competencia tributaria internacional.

– En defensa de los paraísos fiscales (Parte I).
– En defensa de los paraísos fiscales (Parte 2).
Diez buenas razones para defender a los paraísos fiscales.
Paraísos fiscales e infiernos fiscales.
Entrevista con Dan Mitchell sobre políticas tributarias en el mundo.
¿Cae la recaudación en la OCDE por la competencia tributaria con otras jurisdicciones?.
– Por qué la UE y la OCDE no deben restringir la competencia tributaria internacional.
Mentiras y demagogia contra los paraísos fiscales.
La Isla de Jersey, un oasis de libertad económica y prosperidad junto a Gran Bretaña.
Apple, ¿nueva víctima de la Inquisición fiscal?
Mentiras y demagogia contra los paraísos fiscales.
Por qué los “infiernos fiscales” se benefician de los “paraísos fiscales”.
Panamá, otra víctima de la persecución de la OCDE contra la competencia tributaria.
El peso del sector financiero en Singapur, Suiza… y España.
Paraísos fiscales y lavado de dinero: mitos vs realidad.
Competencia fiscal en acción: 1.000 empresas se van de Cataluña a Madrid.
Madrid se convierte en un “pequeño” refugio fiscal.
Gibraltar no es un “paraíso fiscal” según la UE, el FMI o la OCDE.
Dándole la vuelta a la tortilla: qué pueden hacer los “paraísos fiscales” ante la OCDE.
Sobran los infiernos fiscales, no los paraísos fiscales.

También les recomiendo este artículo de Daniel Lacalle sobre la cuestión.

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