Tecnología para un mundo más libre

Una bella anarquía Diego Sánchez de la Cruz Jeffrey Tucker

He firmado el prólogo de “Una bella anarquía”, libro de Jeffrey Tucker recientemente publicado en España. Pueden leer el texto de introducción a continuación. El libro está a la venta aquí.

¿Es posible construir espacios de libertad en un contexto de coacción y control por parte del Estado? Jeffrey A. Tucker responde afirmativamente a esta pregunta en las páginas de Una bella anarquía, una colección de ensayos y reflexiones colmada de libertad y creatividad.

Reflexionando sobre esta cuestión, uno llega a la conclusión de que la tesis de Tucker puede pecar de optimista, pero desde luego no de utópica o irreal. Hoy en día, esa «bella anarquía» de la que habla este libro está más cerca, y lo está gracias a movimientos sociales, proyectos empresariales, desarrollos tecnológicos y otros procesos que, en suma, nos conducen hacia la creación de diferentesislas de libertad que anulan o mitigan el control del Estado en numerosos ámbitos.
No es fácil que aparezcan estas válvulas de escape. En Estados Unidos, cuna del autor, el Instituto para la Competitividad Empresarial estima que el gobierno federal ha emitido 81.883 regulaciones en los últimos veinte años. A esto se une un código fiscal consagrado a sustraer a las familias y las empresas más del 40% del PIB.
En España no estamos mejor. Si imprimiésemos todas las leyes, normas, regulaciones y prohibiciones que se han aprobado en las últimas décadas, nos encontraríamos con un libro de un millón doscientas mil páginas de extensión. Por supuesto, semejante aberración va acompañada de una serie de obligaciones tributarias que extraen más de la mitad de los ingresos anuales de un trabajador medio.
Este Leviatán podría parecer todopoderoso e infranqueable, pero no lo es. ¿Por qué? Por una suma de pequeños avances que están en nuestra vida cotidiana pero que tienen un impacto mucho mayor de lo que intuimos. Un ejemplo cotidiano de los muchos que podríamos citar es el de las páginas web que promueven y articulan el alquiler de habitaciones, apartamentos o casas entre particulares. Solamente en Madrid, se calcula que existen más de 8.000 opciones de alojamiento de este tipo. En todo el país, el número de personas que recurrieron a este servicio a través de la principal plataforma del sector pasó de 95.000 a más de un millón entre 2011 y 2012.
El proceso de alquiler entre particulares implica cumplir una serie de requisitos regulados de forma privada por el operador. Los comentarios de los huéspedes aportan información a futuros clientes, creando un mercado más competitivo y dinámico. Este ámbito de confianza se mueve al margen de las tasas hoteleras y los gravámenes fiscales tradicionales, por lo que el servicio de hospedaje resulta más asequible. Por supuesto, las autoridades llevan años pensando cómo frenar este fenómeno (ya saben, es muy pero que muy malo que dos personas adultas lleguen a acuerdos voluntarios sin someterse a las normas y las exigencias de Papá Estado…).
Otro ejemplo que también está dando mucho de que hablar es Bitcoin, una divisa digital basada en la tecnología P2P y desarrollada completamente al margen del sistema monetario y financiero oficial. El tiempo dirá si Bitcoin gana aceptación y se consolida como un mecanismo de pago alternativo. En cualquier caso, lo que queda demostrado es que en el siglo XXI no van a faltar las alternativas privadas al monopolio monetario que hasta ahora disfrutaban los gobiernos.
Pero hay muchos más campos en los que aparece la «bella anarquía» de la que habla Tucker. La generación privada de electricidad es uno de ellos. Este fenómeno se produce como contestación al paradigma de abastecimiento energético oficial, a menudo intervenido y regulado hasta la saciedad.
¿Qué está pasando en este ámbito? Si viajamos a Estados Unidos, vemos que en las sedes y las fábricas de empresas como Apple, Google o BMW se están desarrollando sistemas energéticos propios para así independizarse del abastecimiento promovido y regulado por el Estado.
El fenómeno del autoconsumo también es significativo en Holanda, donde se habla de un 40% de hogares abasteciéndose por esta vía. No sería extraño que en España llegásemos a un escenario parecido: al fin y al cabo, el 65% de la factura de la luz son costes creados al margen del mercado y debido a decisiones políticas.
Pero la «bella anarquía» de la que habla Tucker en el libro no se circunscribe a fenómenos en plena ebullición. También se alimenta de procesos ya consolidados y contrastados. Uno de ellos es el correo electrónico, sobre el que rara vez teorizamos pero que, sin dudarlo, ha actuado frontalmente contra los tradicionales mecanismos estatales de correspondencia y comunicación. Al e-mail le debemos una interacción dinámica, sofisticada e inmediata que un proveedor estatal jamás podría habernos brindado. Algo parecido sucede con la telefonía móvil.
Otro aspecto que podemos destacar es el de la mediación y la negociación privada, una vía para resolver conflictos fuera del sistema estatal de Justicia, a menudo ineficiente, lento y arbitrario. También la competencia tributaria internacional se merece unas líneas de reconocimiento: que una empresa o un particular pueda beneficiarse de las mejores condiciones fiscales que ofrecen unas u otras jurisdicciones implica necesariamente que el poder recaudatorio del Estado queda cercenado y recortado.
Pero la lista es larga y no para de crecer. En algunos ámbitos, estas innovaciones no suponen necesariamente una ruptura con el Estado pero sí una profundización del mercado:
  •  En el ámbito cultural, la mayor facilidad de producción y difusión multiplica la oferta disponible.
  • En el ámbito bancario, la aparición del capital privado y las fórmulas alternativas conlleva una diversificación de la financiación empresarial.
  • En el ámbito educativo, el auge de la educación privada y el fenómeno de los cursos online aumentan las propuestas de formación a nuestro alcance.
Como señala Tucker, toda esta creatividad «da como resultado nuevas ideas y nueva riqueza intelectual, condición previa para cambiar el mundo». Ese cambio del que habla el autor está caracterizado por un debilitamiento del Estado y un florecimiento de la libertad. El resultado, pues, es un auge de la exploración de nuevas fórmulas de colaboración humana basadas en la asociación voluntaria y no en la coacción política.
Evidentemente, el desarrollo de alternativas de mercado como las que mencionamos también tiene un impacto social muy significativo, en la medida en que promueven los valores de la libertad personal. Tomemos el ejemplo de Facebook: como explica Tucker, redes sociales de este tipo «se basan en el principio de libre asociación. El individualismo es el mecanismo que mueve la máquina, y todo está personalizado según tus intereses y deseos. Eliges incluir y excluir, es un proceso que evoluciona constantemente». Según Tucker, esta lógica choca frontalmente con los procesos democráticos que legitiman la coacción del Estado: en ese caso hablamos de «una decisión sobre quién dirigirá a toda la muchedumbre, que proporciona la misma experiencia de usuario para todos sin importar sus deseos».
Claro está que en Facebook hay un poder organizativo que recae en una única empresa. Sin embargo, su éxito se basa en la participación voluntaria de miles de millones de usuarios que bien pueden elegir cerrar sus cuentas y cambiarse a otros servicios. ¿Acaso tenemos la oportunidad de «darnos de baja» de la maquinaria estatal?
Es por esto que Tucker invita al lector a reflexionar sobre los avances que estamos comentando, pues entiende que estos procesos son en realidad «un triunfo de la libertad humana» que nos lleva al «florecimiento y el cultivo de la vida civilizada», articulada en torno a principios como la voluntad, la propiedad privada, la no agresión, el comercio, etc.
 Cierto es que estos procesos no se producen en un contexto de pasividad por parte del Estado, por lo que su tendencia alcista no está exenta de altibajos y dificultades. Avanzar implica sortear muchos obstáculos y burlas todo tipo de presiones, pero precisamente por eso es importante ser conscientes de lo que significa cada paso adelante (o cada paso atrás).
En última instancia, lo que está en juego es la prevalencia de la coacción o la libertad como forma de organizar nuestra vida en común. Yo prefiero lo segundo.
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2 thoughts on “Tecnología para un mundo más libre

  1. Joaquín Brotons Navarro says:

    hay que movilizarse para recuperar la educacion privada de coste asumible (que no sea de elite) en españa. alguien se apunta?

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