Veinte años después, el levantamiento zapatista de Chiapas no ha cambiado nada

Como apunta  Viridiana Ríos en Nexos, “hace veinte años se levantaron en armas los pueblos indígenas de Chiapas, en México, “no para pedir limosnas ni regalos”, decían, sino para pedir el derecho a vivir con dignidad, igualdad y justicia”. El EZLN argumentaba que aquella lucha era contra la pobreza, el hambre, la carencia de salud o educación… Su manifiesto de 1994 concretaba los reclamos pidiendo condonaciones de deudas, privilegios judiciales (en forma de perdones a los “zapatistas”), subsidios (llamados “indemnizaciones”), gasto público (incluyendo “la disponibilidad de lavadoras y televisiones”), etc.

Se cumplen 20 años de aquello y el Chiapas indigenista que hoy identifica Viridiana Ríos “es, en muchos sentidos, el mismo de hace dos décadas. Cuenta con mejores servicios en sus viviendas pero es un poco más pobre y un poco más hambriento”. Concretemos con cifras concretas: cuando se produce el “levantamiento zapatista”, el 75% de la población del Estado vivía por debajo de la línea de pobreza; hoy, tras dos décadas, este indicador sube al 78%. Mientras tanto, la tasa nacional de pobreza sigue bajando poco a poco.

También en Chiapas ha ido a más el problema del hambre, que afectaba en 1990 al 46% de los habitantes y hoy alcanza al 48%. Incluso en la “desigualdad”, indicador tan querido por las ideologías igualitarias como el socialismo o el indigenismo, Chiapas sigue sin mostrar cambios: su índice Gini era del 0,54, por debajo de la media nacional de 0,56; hoy, la tasa es del 0,51… pero a nivel nacional se registra un 0,49.

Viridiana Ríos recoge otros datos oficiales que también conviene reflejar. Por ejemplo, el porcentaje de mayores de 15 años que no ha asistido a la educación primaria ha subido del 34% al 37% (a nivel nacional, la media es del 19%) y el analfabetismo es del 21% (claramente por delante del 9% que se registra en todo el país). Por todo esto, la doctora en gobierno de la Universidad de Harvard e investigadora asociada del David Rockefeller Center concluye que “el discurso romántico del levantamiento zapatista se ha desgastado”.
Curiosamente, Ríos cree que lo que no se han agotado son los “argumentos zapatistas” y sugiere que existe “una lucha inacabada por reducir la pobreza, el hambre y la desigualdad”. Hasta aquí estamos de acuerdo pero ¿qué tipo de alternativa propone la autora? Su artículo habla de un “crecimiento económico redistributivo”, eufemismo con el que parece ocultarse una llamada a abordar el problema de Chiapas con recetas poco distanciadas de las que se exponían hace ahora veinte años.
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