Krugman y la devaluación interna de Letonia

Hemos hablado en diferentes ocasiones del exitoso proceso de devaluación interna que ha llevado a cabo Letonia. John Müller aborda el tema en El Mundo:

Riga, capital de Letonia, uno de los países golpeados más duramente por la crisis de 2008, es un sitio donde cada vez que se habla de Paul Krugman se desatan risitas burlonas. Aquí, los miembros del Gobierno de centroderecha se ufanan de haber refundado la economía bajo parámetros de austeridad y de un monetarismo estricto, desafiando las advertencias del Nobel de Economía. Hoy, sus esfuerzos dan frutos: la economía crece a un ritmo del 4% anual. 

Ayer fue el gran día de Valdis Dombrovskis, el primer ministro letón, que recibió a José Manuel Durao Barroso y a Herman Van Rompuy para celebrar la entrada de Letonia en el euro como 18º miembro. Últimamente la moneda única no ha tenido muchas razones para celebrar, recordó ayer Van Rompuy. Pero sobre todo es el gran momento de Dombrovskis, un político de 42 años que renunció en noviembre pasado tras la tragedia del hundimiento del techo de un supermercado –con 54 muertos– y que se encuentra en funciones. 

La proeza letona ha consistido en salir de la crisis cumpliendo los criterios de austeridad que tanto rechazo despiertan en el sur de Europa y actuando como si ya estuvieran en el euro, es decir, pegando el lats a la divisa europea. Esto ha supuesto una devaluación interna de entre el 30% y el 40%. Esta dura combinación despertó el rechazo de Krugman que les aconsejó seguir el camino fácil de la devaluación del lats y le vaticinó a Dombrovskis que acabaría como el ex presidente De la Rúa en Argentina. 

La historia podía haber salido mal. La teoría del currency board, desarrollada fundamentalmente por Steve Hanke, ha fallado en muchos países por la falta de disciplina fiscal de los políticos. En el fondo, el euro es un currency board, un sistema de caja única, que se produce cuando un país liga su moneda a una divisa que puede ser el dólar o el euro. En Sudamérica lo intentaron sin éxito Argentina y Ecuador y al fracaso le siguieron grandes convulsiones políticas. A los letones la jugada les salió bien, primero porque cuando iniciaron el ajuste, en 2009, la crisis ya había estallado y estaba claro que la austeridad no era consecuencia del colapso que habían sufrido sino el camino para salir de él. Después, el favorable ángulo de salida de la crisis, es decir, la fuerte tasa de crecimiento del 4,5% en el tercer trimestre de 2013, es el resultado de que el ajuste ha sido canónico, tal como recomendaba Olivier Blanchard, el economista jefe del FMI: 1/3 del ajuste ha correspondido a subidas de impuestos y 2/3 a recortes del gasto público. 

Dombrovskis pasará a un segundo plano cuando se constituya el nuevo gobierno letón. Hay quienes apuestan por él como candidato a la Comisión Europea tras las elecciones de mayo. Tanto él como sus jóvenes turcos –su equipo económico está formado por políticos altamente capacitados de entre 37 y 45 años– pueden exhibir ante Europa que han sido capaces de reformar la economía desafiando al propio Krugman, gurú de la antiausteridad, y a sus múltiples seguidores. Los políticos letones son un fenómeno que no hay que perder de vista en el euro donde quieren hablar con el ejemplo. 

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