ETA ha empobrecido al País Vasco en 31.500 euros per cápita

En un reciente trabajo que pronto se dará a conocer por la Cátedra de Economía del Terrorismo, el profesor Thomas Baumert y Mikel Buesa han estimado el ciclo completo de la incidencia del terrorismo de ETA sobre el PIB per capita del País Vasco. Buesa explica el ejercicio en Libre Mercado:

Siguiendo la pauta metodológica que establecieron Alberto Abadie y Javier Gardeazabal, hemos estimado la diferencia entre el producto efectivamente obtenido en la economía vasca y el que hubiera tenido lugar si ésta no hubiese estado sometida al terrorismo. El gráfico adjunto sintetiza los resultados obtenidos. En ellos se comprueba que desde 1984 y hasta 2005 la economía vasca registró pérdidas en su crecimiento. Éstas fueron ampliándose hasta alcanzar el 16 por ciento en el trienio 1994-1996. Después se redujeron paulatinamente a medida que la actividad terrorista, por efecto unas veces de las treguas de ETA y como consecuencia de la represión policial en la mayor parte del período, fue decayendo.

En total, a lo largo de un poco más de dos décadas los vascos obtuvieron un nivel de riqueza anual inferior al que habrían logrado si el terrorismo no hubiese causado los estragos que ocasionó. Hemos cuantificado esa pérdida en un promedio del 8,7 por ciento del PIB por habitante, lo que equivale a casi 31.500 euros por persona (medidos a precios de 2002) en esos veintiún años. Ese promedio es el resultado de un menor crecimiento tanto del PIB, estimado en el 17 por ciento —es decir 6.130 millones de euros cada año—, como de la población, que hemos calculado en el 6,9 por ciento —o sea, 144.658 personas en promedio anual—.

La dimensión de esta pérdida macroeconómica es verdaderamente notable, aunque resulta inferior a la de otras experiencias terroristas que han sido estudiadas con el mismo procedimiento. Por ejemplo, en el caso de Irlanda del Norte, como ha puesto de relieve Richard Dorsett, del National Institute of Economic and Social Research de Londres, el diferencial negativo en el crecimiento del PIB por habitante se extendió durante más de tres décadas —entre 1970, el año posterior al de los Disturbios que desencadenaron la campaña terrorista del IRA, y 2008, diez años después del Acuerdo de Viernes Santo— y alcanzó una profundidad mayor que en el País Vasco, pues su nivel máximo se mantuvo durante trece años —entre 1980 y 1993— en torno al 17 por ciento.

Entre 2006 y 2011, la menor actividad de ETA permitió recuperar un 17,5 por ciento de la pérdida acumulada del PIB por habitante durante los dos decenios en los que el impacto de la violencia fue negativo. Por ello, para que el País Vasco pueda volver a ser la tierra de prosperidad que fue en el pasado, es importante cerrar definitivamente el ciclo terrorista con la disolución de ETA.

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