Raíces cristianas de la economía de libre mercado

Hagan click aquí para descargar el influyente ensayo de Alejandro Chafuén “Raíces cristianas de la economía de libre mercado“.

Raíces cristianas de la economía de libre mercadoJuan Ramón Rallo ha reseñado el libro para Libertad Digital:

Decía Rothbard, en su enorme Historia del pensamiento económico, que la mayoría de los textos sobre teoría económica comienzan con Adam Smith, como si con anterioridad al escocés sólo hubiese el vacío. No en vano el autor de La riqueza de las naciones es considerado casi universalmente “el padre de la ciencia económica”.

Normal, que Rothbard protestara. Incluso sin necesidad de escarbar en las bibliotecas, encontramos que el Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general, del gran Richard Cantillon, es superior en muchos sentidos (especialmente el monetario) al célebre libro de Smith. Ambicioso, Rothbard no se conformó con remontarse a Cantillon y avanzó un poquito más atrás: “Todo comenzó con los griegos, como de costumbre”, afirmó en el primer volumen de su referida obra.

Y si bien todo comenzó con los griegos, no fueron ellos quienes elevaron el saber económico a cotas que en muchos sentidos no se superaron hasta bien entrado el s. XIX. Tal y como cada vez más economistas han ido reconociendo (Joseph Schumpeter, Marjorie Grice-Hutchinson, Raymond de Roover, Friedrich Hayek o el propio Murray Rothbard), la sistematización del pensamiento económico es obra de la escolástica medieval; más en concreto, de la escolástica española del Siglo de Oro.

Durante años el público de habla inglesa –y en buena medida el de habla hispana– tuvo sin embargo vedado el acceso a todas estas revisiones de la historiografía oficial. Si bien Schumpeter es el primero en incidir en la importancia de la escolástica, apenas le dedica 60 páginas de las más de 1.200 que componen su Historia del análisis económico. Los libros de Grice-Hutchinson (The School of Salamanca) y Raymond de Roover (Business, Banking, and Economic Thought) estuvieron durante mucho tiempo descatalogados (el primero ha sido felizmente reeditado por el Mises Institute, pero el segundo sigue siendo difícil de encontrar –y caro–), y el editor de la versión original de la Historia del pensamiento económico de Rothbard, que contiene alrededor de 100 páginas sobre la materia, no volvía a darla a la imprenta.

Estos obstáculos para acceder a las aportaciones del pensamiento escolástico se vieron en buena medida mitigados por el magnífico trabajo de investigación y compilación que realizó Alejandro Chafuen en 1986: “Christians for Freedom: Last-Scholastics Economics”, que encontró una primera traducción al español en 1991. Tras muchos años durmiendo el sueño de los justos, la editorial El Buey Mudo ha tenido el acierto de reeditarlo en nuestro idioma –bajo el título de “Raíces cristianas de la economía del libre mercado”– más o menos por las mismas fechas en que el Instituto Juan de Mariana y el Mises Institute celebraban en Salamanca el 400 aniversario de la publicación de la gran obra de Juan de Mariana: el “Tratado sobre la moneda de vellón”.

A lo largo de casi 300 páginas, el presidente de la Atlas Foundation repasa con claridad, orden y rigor las ideas económicas de gran parte de la escolástica italiana y española para demostrar que, en contra de lo que muchos pudieran pensar, no se trata de breves comentarios marginales que brillaron por la ausencia de competencia durante el Oscurantismo, sino de sólidas y consistentes reflexiones que en muchos casos superan a las de Adam Smith. Veamos un ejemplo.

Smith, confundido por lo que se vino a conocer como la paradoja del agua y los diamantes, no entendía por qué, si el agua era más útil que los diamantes, el precio de estos últimos era superior. Incapaz de dar con una solución, claudicó y concluyó que el precio no podía depender de la utilidad de los bienes, sino de su coste de producción: “El precio real de todo bien, lo que todo bien cuesta realmente a quien desea adquirirlo, es la fatiga y la molestia de adquirirlo”. De esta manera, el escocés sentó las bases para una teoría del valor trabajo que proseguirían David Ricardo y, finalmente, Karl Marx, con sus supercherías sobre la explotación capitalista.

Hagan click aquí para leer otra reflexión similar de Juan Ramón Rallo, esta vez relacionada con la presentación del libro de Thomas Woods Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental.

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