¿En peligro el “modelo chileno”?

Hernán Büchi es pesimista sobre el futuro de Chile, ya que anticipa un progresivo abandono del modelo liberal desarrollado en las últimas décadas:

Hoy en la boleta presidencial hay más candidatos que nunca. Pero tendríamos que mirar las elecciones previas al intento de imponer el marxismo en Chile para encontrar tantas propuestas que desconfían del individuo, que ven como enemigas a las personas de esfuerzo impulsoras del progreso, que buscan que el Estado gaste más y acorrale a la gente con su maquinaria. Abundan los planteamientos rupturistas, que disfrazados de palabras como democracia o participación buscan dotar a los políticos de más poder y liberarlos de su obligación de buscar consensos.

Existen posturas que no siguen ese patrón, pero son honrosas excepciones. También es cierto que lo que vemos en la campaña no es más que la culminación de un proceso progresivo de los últimos años.

Paulatinamente, el acuerdo sobre cómo se progresa, que Chile conquistó tras vivir las consecuencias dolorosas de excesos ideológicos y promesas fáciles, se está desvaneciendo. Dado este universo de propuestas y medidas, no podemos más que aseverar que independientemente de quién gane la contienda presidencial, Chile ya perdió.

El progreso vivido en las últimas décadas es fruto del trabajo de años en que las políticas cooperaron. A su vez, desde mediados de los 2000 nos beneficiamos por el alza del cobre, pero ya consumimos esa bonanza a través de una demanda que crece más que el producto y con un aumento de costos que erosiona fuertemente los márgenes de las empresas, especialmente Codelco.

Si queremos un Chile ganador, nuestros debates deben centrarse en cómo dar más empleos y mejores remuneraciones con un cobre que no ayudará. Tenemos algún tiempo, pues el país tiene una sólida posición financiera y el 2014 será el primer año normal de la economía mundial desde la crisis de 2008. Pero el tiempo es escaso y la inercia del ambiente puede ser el golpe de gracia que nos haga perder esta oportunidad.

Es imprescindible revertir la desconfianza en las empresas, que son las que generan la riqueza que necesitamos. El problema energético es grave y tiene solución solo si se enfrenta con coherencia y realismo; lamentablemente pocas propuestas concretas hay al respecto.

La mejora de la productividad es esencial para crecer; si hay ideas sobre la materia, no se oyen, y abundan medidas para entrabar las inversiones, el empleo, las tecnologías, la flexibilidad operativa y así, avanzar es imposible. Las ideas para aportar más recursos a educación, especialmente a las universidades estatales, son muchas, pero es pobre la discusión de cómo mejorar la preparación de los jóvenes en conocimientos, valores y creatividad para el mundo diverso del futuro.

Ofrecer pensiones es simple, sobre todo si cargamos el costo de esas promesas a las nuevas generaciones. Discutir cómo cambiar los incentivos y adaptar los beneficios a las nuevas expectativas de vida es poco atractivo, pero indispensable.

La lista de lo que debiéramos debatir es larga si queremos ser ganadores. Lo que vemos hoy nos pone en el equipo perdedor. En un país exitoso, incluso las visiones alternativas se debaten sin caer en consignas y medias verdades.

Los que ahora proponen avanzar con fuerza hacia un Estado de Bienestar deben explicar por qué no caeríamos en el populismo del sur de Europa. Cuando se da como ejemplo de éxito a países nórdicos, hay que recordar que fueron los iniciadores delcapitalismo. Holanda e Inglaterra comienzan la revolución industrial.

Hay que señalar también cómo la homogeneidad de la población, la mayoría aún son monarquías, contiene al populismo y cómo la diversidad producida por la inmigración los pone en riesgo. Las propuestas de aumentar el gasto público no pueden separarse de las medidas que eviten que los incentivos políticos lo desvíen con demagogia e ineficiencia.

Nada de eso sucede entre nosotros. Solo el natural optimismo del ser humano puede evitar que en este ambiente los chilenos que son el motor de la riqueza se desanimen y que, con ello, garanticen nuestra pertenencia al club equivocado.

Gabriela Calderón de Burgos también habla del “modelo chileno” ante las futuras elecciones presidenciales:

El próximo mes son las elecciones en Chile y todo indica que ganará Michelle Bachelet, candidata de la Concertación y ex presidenta. A un mes de las elecciones todavía no se conoce su plan de gobierno pero de lo poco que se ha revelado, esta sería una Bachelet más radical, que incluso ha llegado a decir que no descarta propuestas anti-sistema como la de una Asamblea Constituyente. ¿Se ha roto el consenso alrededor del “modelo” chileno? ¿Será verdad que el milagro chileno en realidad ha sido “el mito chileno”?

Hay señales de que el consenso se ha roto y Chile estaría coqueteando con propuestas que atentan contra la institucionalidad que tanto progreso ha fomentado en el país. Rafael Rincón Urdaneta-Zerpa llega a este diagnóstico en su libro basándose en las opiniones de un amplio sector de intelectuales y políticos que desde hace varios años han venido criticando el modelo de desarrollo económico que, aunque implementado durante la dictadura de Pinochet, fue continuado y profundizado durante cuatro gobiernos democráticos de centro-izquierda y ahora uno de centro-derecha.

Una cosa es la calle, otra cosa las élites políticas e intelectuales y otra muy distinta son los hechos. Pero veamos los datos de lo que ha pasado durante las últimas décadas en Chile.

La pobreza se ha reducido de manera constante y marcada. Según la CEPAL, esta se redujo de 50% en 1975 a 11% en 2011. Pocos niegan la impresionante reducción de pobreza, pero abundan quienes señalan que esto se logró a costa de que Chile es hoy uno de los países con mayor desigualdad de ingresos. Dejando a un lado los problemas con el coeficiente Gini, indicador que se utiliza comúnmente para medir la desigualdad de ingresos, según datos de la CEPAL Chile es la octava nación con el menor índice de Gini de entre 17 países de Latinoamérica y el Caribe. En otras palabras y según este indicador, habría 9 países en región con una desigualdad mayor que la de Chile. Por otro lado, tampoco se puede culpar a las políticas radicales de Allende ni a las reformas económicas liberales que vinieron después del persistente nivel de desigualdad de ingresos ya que el índice de Gini se ha mantenido en relativamente el mismo nivel desde 1965.

Pero si analizamos la desigualdad de ingresos y también de acceso a la educación por grupos de personas que comparten el mismo año de nacimiento vemos que algo positivo está sucediendo. Claudio Sapelli de Universidad Católica de Chile realizó un estudio en 2011 basado en esta metodología que se conoce como análisis de cohortes y concluyó que mientras que menos de un 40% de chilenos de 55-64 años obtuvieron una educación secundaria, más de un 80% de chilenos de 25-34 años se graduó de secundaria, superando el promedio de los jóvenes con la misma edad en los países desarrollados de la OCDE o en Francia. Estas son señales de un país en el que cada vez hay una mayormovilidad social.

El progreso del país es reconocido alrededor del mundo. Sería una tragedia que Chile se aventure a tirar por la borda un modelo que ha permitido una prosperidad y libertad a sus ciudadanos sin precedente en su historia.

Como señala Alejandro Chafuén, la defensa del “modelo chileno” tendrá que venir de la mano de los muchos think tanks que defienden el capitalismo en el país latinoamericano. Entre ellos: Centro de Estudios Públicos, Libertad y Desarrollo, Instituto Libertad, Fundación Jaime Guzmán, Fundación para el Progreso, Fundación Paz Ciudadana, Instituto Res Pública, Idea País, Estituto de Estudios de la Sociedad, Ciento Ochenta, Horizontal… También es importante el rol de centros como la Universidad Católica, la Universidad Adolfo Ibáñez, Universidad de Los Andes, Universidad del Desarrollo, Universidad Finis Terrae…

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