¿Se recupera la economía española? La visión de Sintetia y de Carlos Rodríguez Braun

Carlos Rodríguez Braun habla sobre la recuperación económica española:

El ministro de Economía, Luis de Guindos, ha dicho en el Financial Times: “se creará empleo en 2014, con un crecimiento mayor del previsto”. Esto es no sólo posible sino también interesante. Es posible por la duración y profundidad de la crisis, que no pueden ser infinitas, y por el duro ajuste soportado por tantos trabajadores y empresarios del sector privado, que tampoco puede serlo. Y es interesante porque podría revelar la fortaleza subyacente de la economía española, capaz de sobreponerse finalmente a una crisis internacional multiplicada por decisiones incorrectas de nuestros gobiernos, muy particularmente las subidas de impuestos.

Dirá usted: ¿no ha habido decisiones correctas? Pues claro que sí: (casi) ningún gobierno hace todas las cosas mal, y es tan absurdo que las autoridades se cuelguen todas las medallas como que la oposición no acepte concederles ninguna. En ese sentido será ilustrativo comprobar cuánto ha bajado el umbral de crecimiento del PIB para que se cree empleo neto en España. La reforma laboral, igual que las anteriores, ha sido insuficiente pero ha ido en la buena dirección en términos de la reducción de dicho umbral. La consolidación de la recuperación es otra historia.

No olvidemos que ya hubo una fase de este tenor entre 2009 y 2011, también con exportaciones al alza. Esa fase podría haberse consolidado si el ajuste se hubiese concentrado en el gasto público. Sea como fuere, hemos tenido seis meses de datos relativamente buenos o menos malos; confiemos en que las autoridades no ahoguen otra vez esta recuperación, y para que se consiga pronto no es necesario pedirles la luna sino algo difícil pero no imposible, a saber, que bajen los impuestos y el gasto público.

El catedrático también aporta las siguientes reflexiones:

Seis años, seis, desde que se acabó la fiesta, y algo menos desde que la débil recuperación de 2009-2011 fue abortada por las decisiones equivocadas tomadas por ambos gobiernos, en particular la subida de impuestos. Dirá usted: ya pasó, sabemos que el gran ajuste no fue realizado por el sector público sino que éste (entre absurdas protestas por una “austeridad” ausente) lo descargó casi en exclusiva sobre el sector privado, que lo pagó dolorosamente en términos de millones de puestos de trabajo perdidos, y decenas de miles de empresas que debieron cerrar sus puertas… pero no tiene sentido llorar sobre la leche derramada, y ahora toca mirar hacia el futuro. Ese futuro parece que por fin sonríe.

Desde los organismos públicos internacionales hasta diversos servicios de estudios, pasando por las (ahora menos) infaustas agencias de calificación, todo sugiere que los motivos para la esperanza pueden no ser vanos. Hay señales de recuperación de la economía y de la confianza en los mercados, como se observa en la subida de las bolsas y en particular en la caída de la prima de riesgo. Pero hay otro riesgo. El menor coste de la financiación y las mayores entradas de capital e inversiones desde el exterior acarrean el peligro de que las autoridades no hagan ahora lo que debieron haber hecho, no sólo desde 2007 sino desde antes: bajar el gasto público, los impuestos y la deuda. Una de las mayores y menos comprendidas irresponsabilidades de Zapatero fue haber subido el gasto alegando que el déficit caía. Ojalá no se repita ahora ese oneroso desvarío.

Por su parte, Sintetia dedica los siguientes párrafos  a la misma cuestión:

España tiene ante sí un reto fundamental: la creación de empleo en un entorno en el que algunas de sus actividades tradicionales se han evaporado. El sector de la construcción ha destruido el 65% del empleo durante esta crisis, pero también el sector de la industria ha sufrido un severo ajuste, al experimentar un pérdida de uno de cada tres desde 2008. Gran parte del colectivo de desempleados lo componen personas con escasa formación, y menos del 20% se está formando mientras está en paro.

Las prestaciones por desempleo consumen alrededor del 3% del PIB de España, el equivalente a un 9% de los ingresos públicos, máximos históricos que lastran la posibilidad de reducir el déficit público. Pero hay una nota positiva: en julio el gasto en prestaciones de desempleo fue un 5% inferior al del año anterior. No obstante, y dada la destrucción neta de empleo del último año, ello implica que existe un colectivo enorme de personas que han dejado de cobrar su prestación y que la incorporación de solicitudes nuevas suponen prestaciones inferiores. Por ello, la reducción del gasto en prestaciones de desempleo tiene una doble lectura, ya que parte de la reducción se debe a la extinción de la prestación de parados de larga duración, para los cuales el drama aumentará sin que se divise una solución en el horizonte a su problema.

¿Encontrará España un sector o sectores que tiren de la demanda de empleo poco cualificado y absorba gran parte de la bolsa estructural de paro? Trabajar en esta pregunta es clave y el verano, con los indicadores coyunturales, tiende a alimentar esta esperanza poniendo el foco en el turismo. A finales de agosto supimos que este verano fue uno de los mejores desde 1995 respecto a turismo. Hasta julio, más de 26 millones de turistas extranjeros han visitado España, con un crecimiento del 4,2% respecto al año anterior y con un gasto por turista que también crece con fuerza. Por el contrario, los españoles viajan y gastan un 7% menos que hace un año. Una metáfora del ajuste que la economía española lleva experimentando varios años: reducción del gasto interno y el sector exterior como única perspectiva de futuro.

Otro dato estrella del verano tiene que ver con nuestras relaciones económicas con el exterior. El 30 agosto, el Banco de España publicaba un dato esperanzador: “la economía española registró un superávit por cuenta corriente de 2.567,4 millones de euros, frente a un déficit de 980,5 millones de euros en el mismo período del año anterior”. La balanza por cuenta corriente de España, compuesta principalmente por el saldo neto de las exportaciones menos las importaciones, arrojaba así su primer semestre positivo tras muchos años de déficit. Nuestro economía ha completado un monumental ajuste del gasto, desde el déficit del 10% de 2007 hasta el superávit actual.

En otras palabras, la deuda externa de España ha comenzado por fin a reducirse debido al ajuste realizado por familias y empresas, que han reducido su gasto en casi 15 puntos del PIB desde el inicio de la crisis. Como muestra, España ha exportado en julio 1.357 millones de euros más de lo que ha importado, un superávit muy importante si se tiene en cuenta que el año anterior el déficit fue superior a 16.000 millones de euros. Algo se mueve, por tanto, en la capacidad de competir de las empresas españolas. Pero no debemos olvidar que las importaciones dependen directamente de la renta de los españoles, y la caída de dicha capacidad de compra explica parte de dicha drástica corrección.

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