Cómo sacar a Reino Unido del estancamiento económico

Un interesante informe del Institute of Economic Affairs estudia el débil crecimiento económico británico, planteando al lector un interrogante: ¿es el crecimiento plano la nueva normal de la economía británica? Esa es la pregunta que pretenden resolver Tim Congdon, Joanna Davies, Haroon Fatih, Andrew Lilico, Robert Sierra, Peter Warburton y Trevor Williams.

Parte de este debate tiene mucho que ver con la política fiscal británica: en la medida en que el estancamiento se convierte en pan de cada día, la reducción del déficit y la deuda pública se vuelve más complicada. De hecho, como los planes fiscales del Ejecutivo de Cameron dependían en un 70% de un mayor crecimiento, es fácil entender que las cuentas sigan sin cuadrar.

Analizando el periodo 2008-2012, el crecimiento anual medio ha sido del -0,7%, un nivel tan bajo que no tiene precedentes en tiempos de paz. Así las cosas, el PIB ha caído un 6,3% desde que comenzó la crisis. Sin embargo, el IEA anticipa que el estancamiento económico seguirá en pie por diferentes motivos:

– Aumento del gasto público y los impuestos.
– Mayor endeudamiento público y privado.
– Presión demográfica por el envejecimiento de la población.
– Incorporación de trabajadores menos productivos al mercado laboral.
– Sobrerregulación de sectores clave para la productividad, caso de la energía y las finanzas.

El IEA concluye, eso sí, que buena parte de estos obstáculos pueden sortearse con buenas decisiones de política económica. Un ejemplo lo tenemos en el primer punto de todos, relacionado con el mayor tamaño del Estado. Los estudios de Leibfritz han determinado que un aumento del 10% en la presión fiscal mengua el crecimiento entre 0,5 y 2 puntos. Pues bien, Reino Unido ha visto como el gasto público pasa del 36% al 48% entre 1999 y 2009; además, está previsto que entre 2010 y 2014 el gasto medio sea del 45%, si bien este dato podría ser revisado al alza.

Otro ejemplo: en lo relativo al segundo punto, el Estado también puede actuar a base de reducir la deuda en vez de aumentarla. Este indicador es hoy del 87% del PIB frente al 37% de comienzos de la década pasada. ¿Qué puede hacer Reino Unido para cambiar el rumbo? Por ejemplo, aprobar una oleada de privatizaciones e ingresar 40.000 millones de libras por este concepto.

Hay otros aspectos que no cuelgan exclusivamente de decisiones de política económica, como la presión demográfica que genera el envejecimiento de la población o la menor productividad de los trabajadores británicos. En cualquier caso, ambos retos pueden ser solventados en parte con medidas tomadas por los legisladores: en lo tocante a la presión demográfica, una redefinición del Estado del Bienestar; en lo tocante a la baja productividad, un mejor cuadro tributario.

Por último, aspectos como los costes energéticos o la sobrerregulación financiera sí tienen un enorme componente político. De nuevo, los legisladores tienen la posibilidad de liberalizar estos ámbitos y apostar por una economía más abierta como paso previo a la recuperación del crecimiento. En el primer ámbito, desarrollar el fracking puede ser una alternativa interesante. En el segundo campo, aumentar la libertad del sistema financiero y repeler las restricciones que propone la Unión Europea en este ámbito puede ser una solución digna de estudio.

Pueden leer el libro al completo haciendo click aquí. Un informe similar dedicado a EEUU está disponible aquí.

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