Moderado optimismo económico en España

He hablado en diferentes ocasiones de las perspectivas de mejora que ha mostrado la economía española a lo largo de 2013. Buena parte del progreso observado tiene que ver con la “devaluación interna” que ha empezado a desarrollarse. Otros aspectos notables están relacionados con lo que podríamos llamar el retorno de la inversión.

William Chislett, investigador asociado del Real Instituto Elcano, afirma en su trabajo “¿España emergente?” que “la economía está a punto de salir de la recesión, las exportaciones continúan creciendo, el número de turistas establecerá este año un nuevo récord, la balanza exterior arroja su primer superávit desde 1997, la inversión directa en el país aumenta, los resultados de la banca mejoran, dos tercios de los ingresos de las empresas del Ibex 35 se generaron en el extranjero”. El informe destaca que el sistema financiero empieza a estar saneado, algo que también ha sido destacado por los inversores consultados por Goldman Sachs en una encuesta internacional publicada hace algunos días.

El Círculo de Empresarios destaca la reducción de costes laborales, el superávit comercial de 35.000 millones alcanzado en el primer semestre, las mejores previsiones de crecimiento económico… Otras claves de la recuperación han sido descritas por el Consejo Empresarial para la Competitividad en su informe “España emprende y exporta“. El lobby de las grandes compañías subraya que España está sabiendo reenfocar hacia las exportaciones el elevado stock de capital. También destaca que España ocupa el top 10 mundial tanto en inversión internacional como en recepción mundial de inversión. Un dato clave, el del peso de las exportaciones en el PIB, sube del 25% al 33% del PIB entre 2009 y 2013. Cada punto porcentual de aumento de las exportaciones se traduce en 65.000 nuevos empleos. Hablamos de sectores que dan trabajo a dos millones de personas, en ámbitos variados: automóviles, TICs, biotecnología, industria aerospacial, maquinaria, agroalimentación…

El diario ABC recoge el “boom” exportador destacando a los principales sectores que protagonizan la internacionalización y subrayando, además, que la inversión bruta total en participaciones en el capital de empresas españolas sube un 11% en 2013, pasando de 7.753 a 8.629 millones. La inversión llega de países como Francia, Luxemburgo, Países Bajos, Reino Unido, EEUU, México, Alemania, Bélgica, Hong Kong, Irlanda, Suiza… pero también entran capitales de Argelia, Venezuela, Italia, Canadá, Catar, Japón o Corea del Sur. Los capitales que entran desde Francia se multiplican por cuatro. Cae, eso sí, la inversión de Países Bajos (se reduce un 24,5%), Reino Unido (disminuye un 2,9%) y EEUU (baja un 75%), por lo que una de las asignaturas pendientes es recuperar la confianza en dichos mercados.

Los datos de la ONU subrayan, en cualquier caso, que España ve aumentar la inversión extranjera directa justo cuando, en el resto del mundo, la tendencia es negativa. En 2012 subió un 3,7% frente a una caída internacional del 15%. En total, las 12.000 empresas españolas con capital extranjero añaden al PIB español un 15%. El “stock” de capital invertido desde el exterior en España supera los 675.000 millones.

El reto de reindustralización que afronta nuestro país será fundamental a la hora de apuntalar la recuperación económica. Hoy, la industria española acapara el 53% de las exportaciones y pesa el 26% del PIB. No obstante, la producción industrial cae un 90% desde 2010, la utilización de la capacidad productiva apenas supera el 70% y el valor añadido se sitúa seis puntos porcentuales del nivel alcanzado en 2008.

Los informes de entidades como Arcano, Morgan Stanley o Bestinver también se han sumado al moderado optimismo sobre las perspectivas de recuperación de la economía española. No obstante, no podemos obviar que quedan muchos retos pendientes: entre ellos, más flexibilidad laboral, menos impuestos y más libertad económica. Como explica Daniel Lacalle, parte de la inversión extranjera se está limitando a “reciclar capital”, ante la desconfianza tributaria imperante. Por eso, hay que impulsar una agenda de reformas capaz de acabar con el encorsetamiento de los mercados, paso previo para la recuperación efectiva de nuestra economía.

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