Reflexiones monetarias para Europa inspiradas en Panamá y Montenegro

Escuchamos a menudo que España está mejor en el euro que en la peseta. Coincido con esta afirmación: la pérdida de la “soberanía monetaria” ha supuesto entrar en un área monetaria de mayor rigor, principalmente por la presión del Bundesbank. No obstante, estar en el euro no es posible solamente a través del ingreso en la Eurozona: un país también puede asumir el euro unilateralmente, aunque esto suponga algún que otro encontronazo o enfado entre los burócratas de Bruselas. Como muestra de que esto es factible, observemos el caso de Montenegro.

Dicho país manejaba hasta 2002 el marco alemán como moneda “de facto”. En ella se denominaban las transacciones habituales del mercado así como las operaciones financieras. Cuando el marco pasó a la historia, Montenegro “cambió” al euro sin que el BCE pudiese hacer gran cosa. Empezó a desarrollarse entonces un cierto malestar entre la Comisión Europea y el Banco Central Europeo. De hecho, esta cuestión constituye un obstáculo para la entrada de Montenegro en la Eurozona.

Una ventaja importante de asumir el euro como moneda propia es que la evolución de la masa monetaria está ligada a las importaciones y exportaciones: cuando el país incurre en déficits por cuenta corriente, el volumen de euros en circulación se reduce y la economía se ve obligada a corregir excesos; de modo contrario, el superávit por cuenta corriente premia a Montenegro con la entrada de un mayor volumen de euros.

El caso de Montenegro no es ninguna excepción. Como explica José Joaquín Fernández, “Panamá tiene una economía dolarizada hace 100 años sin la existencia de un Banco Central pero con una integración financiera con el mercado de capitales, este modelo permite que el sistema financiero se equilibre por si mismo. Cuando hace falta capital para financiar proyectos locales, el dinero viene de los bancos extranjeros, así mismo, cuando hay exceso de liquidez el dinero sale para financiar proyectos de inversión en el exterior”.

Hay una diferencia que hace que el caso del país centroamericano sea más llamativo aún que el de Montenegro: en Panamá ni siquiera existe banco central, algo que sí ocurre en otros países que asumen la moneda extranjera como propia, caso de Montenegro (o Zimbabue, o Ecuador…). Sin embargo, para todos los países mencionados, recortar la “soberanía monetaria” (bien por la vía panameña o bien por la “dolarización” o la asunción del euro) ha supuesto un salto adelante  en la medida en que la inflación (o hiperinflación) ha pasado a la historia y la estabilidad de la moneda se ha convertido en la norma, a pesar de las malas políticas económicas que hayan desarrollados los gobiernos de los países mencionados.

Reflexionar sobre estas cuestiones siempre es conveniente, especialmente en el contexto de la crisis del euro. Para países como Grecia, economistas como Pedro Schwartz han sugerido un nuevo arreglo monetario consistente en permitir la circulación paralela de dracma y euro. Otra opción que cabría estudiar consistiría en evolucionar hacia un euro sin banco central, a la manera panameña, de modo que estar en la Eurozona signifique únicamente que se usa el euro pero no se aplica ningún tipo de política monetaria.

Esto redundaría en una desnacionalización del dinero, tal y como defendía Hayek, ya que se rompería definitivamente el vínculo entre política monetaria y política fiscal. Cierto es que el euro ya ha supuesto un avance en dicha dirección, pero adaptar la vía panameña a Europa permitiría profundizar dicho progreso.

Como explica José Joaquín Fernández, este marco exigiría “libertad de entrada, libertad de precios,  intereses determinados por el mercado (sin intervención estatal), ausencia de regulaciones para la entrada y salida de capitales…”. Acabaría así el “rescate” de entidades financieras o la monetización de la deuda pública. Tampoco sería necesario “garantizar” depósitos. En la práctica, el Estado quedaría expulsado por completo del sistema financiero, y el equilibrio ya no obedecería al capricho de políticos inflacionistas, sino al mercado.

A lo largo de medio siglo, Panamá ha tenido una tasa de inflación promedio inferior a la de las economías desarrolladas. No hablamos de igualar sino de mejorar el desempeño monetario de los bancos centrales.  El arreglo fue posible porque nunca se llegó a crear una moneda de curso forzoso: existe el balboa, pero es apenas una divisa fraccionaria que solamente existe para monedas de valor inferior a los 0,5 dólares.

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