Lo que está haciendo bien Japón

Lluc López i Vidal repasa en El Economista la estrategia económica de la Administración Abe en Japón. El “primer arco” de sus medidas es, sin duda, un nuevo delirio monetario que no llevará a nada bueno. El “segundo arco” del programa también tendrá consecuencias nefastas a largo plazo. Así los describe el López i Vidal:

Por lo que se refiere al primer arco, desde principios de año el Banco de Japón, en clara sintonía con las políticas de Abe, ha empezado una política monetaria agresiva cuyo objetivo es doblar la actual base monetaria de Japón en los próximos dos años y conseguir una inflación del 2%. Tras más de veinte años de deflación, para Abe lograr esta inflación es un signo de que el consumo se está reactivando y que los ciudadanos vuelven a confiar en el país. En cuanto al segundo arco, la política fiscal híper-expansiva representa un claro distanciamiento con las medidas llevadas a cabo en Europa. Para salir de la crisis, Abe propone seguir una política keynesiana de estímulo de la demanda a través de la inversión masiva de obras públicas e infraestructuras que tengan más de cincuenta años, medida que debe permitir crear puestos de trabajo, aumentar los salarios de los trabajadores y, finalmente, incentivar un consumo frenado durante años de crisis económica.

No obstante, aunque la expansión monetaria y fiscal solamente crearán una espiral de crecimiento ficticio y mayor deuda, hay algo positivo en su estrategi. Se trata de una agenda de reformas estructurales que buscan impulsar la competitividad y la flexibilidad de la economía:

Semanas antes de las elecciones en la Cámara Alta, Abe desveló los puntos esenciales del tercer arco, un paquete de reformas estructurales basado en la desregulación de determinados sectores (como el poderoso sector farmacéutico y eléctrico), la revitalización de la industria exportadora japonesa y en un crecimiento sostenible, una alusión a la necesidad última de aumentar la competividad de la economía nipona. Precisamente, para lograr incrementar la competitividad, resulta esencial formar parte de un Acuerdo de Libre Comercio que están negociando 12 países y entre los que se encuentran las economías de los Estados Unidos, Australia o Vietnam. Para Abe, la adhesión al acuerdo de liberalización significará un aumento de las exportaciones e inversiones japonesas a toda la zona.

Sin embargo, para poder participar en el acuerdo, Japón debe liberalizar parcial o totalmente la agricultura, un sector poco competitivo que ha estado hasta ahora ultra protegido con ayudas, subsidios y aranceles para determinados productos que alcanzan el 800% en el caso del precio del arroz, 380% para el azúcar, o 252% para la harina. Los próximos meses serán claves para saber si Abe será capaz de superar la resistencia proveniente tanto del sector agrícola, farmacéutico y eléctrico como de su partido por su intento de romper con los intereses velados que tradicionalmente han existido entre dichos grupos y el partido de gobierno.

Actualización: comprueben el mal resultado de las medidas monetarias de “Abenomics” en este artículo de Daniel Lacalle.

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