¿Austeridad en España? Gasto público del 47% del PIB, déficit del 10,6% equivalente a 111.641 millones

El déficit público de España alcanzó en 2012  el 10,6% del PIB frente al 9,4% registrado en 2011. Se trata del porcentaje más alto de toda la UE, por delante de Grecia (10%), Irlanda (7,6%), Portugal (6,4%), Chipre (6,3%) o Reino Unido (6,3%), según los datos validados este lunes por la oficina estadística comunitaria Eurostat. En contraste, Alemania registró el año pasado un superávit del +0,2% mientras que los déficits más bajos corresponden a países como Estonia (0,3%), Suecia (0,5%) o Luxemburgo (0,8%).

Como explica Carlos Sánchez, “se trata de la segunda cifra más alta de la reciente historia económica española -tan sólo superada por los 117.098 millones de déficit público registrado en 2009-, y pone de relieve los problemas de financiación del Estado a consecuencia de la crisis económica. Hasta el punto de que las necesidades de financiación de las Administraciones Públicas desde 2008, cuando empezó la crisis, ascienden a una increíble cifra de 479.493 millones. Eso es lo que ha tenido que pedir prestado el Estado a los mercados en el último quinquenio para poder hacer frente a la brutal caída de ingresos y el aumento de los gastos derivado, principalmente, del desempleo y el servicio de la deuda pública. El gasto público representó en 2012 el 47% del PIB frente al 45,2% del año anterior”.

Si en 2012 los ingresos de las Administraciones sumaron 509.711 millones, los gastos representaron la friolera de 621.327 millones. Solamente en intereses de la deuda, estamos pagando 31.000 millones frente a los 17.000 de 2007. El ajuste en los sueldos públicos apenas ahorró el gasto en remuneraciones en 7.000 millones (rebaja de 123.000 a 116.000 millones). Queda claro, por tanto, que España gasta un 29% más de lo que ingresa, por lo que no cabe hablar de “austeridad” pese a que ya llevamos seis años incumpliendo nuestro objetivo de déficit y cuatro años registrando déficits mayores a los 100.000 millones.

Hagan click aquí para leer mi informe “Austeridad y Euroesclerosis” en el que explico el éxito de Alemania, Suecia y Estonia a la hora de ajustar el gasto público y controlar el déficit.

EL ANÁLISIS DE RALLO

Juan Ramón Rallo hace las siguientes observaciones sobre los datos fiscales definitivos de 2012:

En términos nominales, y excluyendo el coste de la recapitalización bancaria, estamos en niveles de gasto superiores a los de 2008; en términos reales, seguimos superando el gasto público total de 2006. Acaso se diga que es por culpa de los intereses de la deuda, pero no: aun excluyéndolos, el gasto total de 2012 sería bastante superior al de 2006 en términos reales.

Acaso lo más destacable del primer año de gobierno de Rajoy en materia de gasto, sin embargo, es que, excluyendo de nuevo el coste dela recapitalización de los bancos, es el año en el que más se reduce el gasto público: casi 20.000 millones de euros frente al recorte de 9.000 millones de 2011. A muchos semejante reducción les parecerá un insufrible ejercicio de austeridad, pero lo cierto es que se trata de un primer y muy insuficiente paso para reconducir las cuentas públicas: recordemos que en 2011 cerramos con un déficit de casi 100.000 millones de euros. Por tanto, todavía quedan unos tres cuartos del camino total por recorrer.

¿Y dónde ha recortado Rajoy en este primer año? Fundamentalmente en inversión pública, la parte más facilona del asunto. Aunque también ha metido algo de mano en empleo público (la paga extra y la reducción del personal contratado) y marginalmente en consumos intermedios (gastos corrientes de los distintos servicios estatales) y en subvenciones al sector privado.

2011 2012 Recorte
Empleo público 123.550 116.087 -7.463
Consumos intermedios 62.216 59.386 -2.830
Subvenciones 11.820 10.060 -1.760
Inversión pública 41.408 27.726 -13.682
Otros 17.757 15.417 -2.340
Intereses 26.130 31.307 5.177
Prestaciones sociales 193.761 197.211 3.450
Total 476.642 457.194 -19.448

Si a estos casi 20.000 millones de recorte del gasto le sumamos los 2.300 millones en que ha aumentado la recaudación después de freírnos a nuevos impuestos (sí: sólo 2.300 millones), tenemos el recorte de 22.000 millones que explica que el déficit, sin contar el rescate a la banca, pase del 9,1% del PIB al 7,1%.

En el libro Una alternativa liberal para salir de la crisis esbozo un plan de recorte alternativo con respecto a los niveles de gasto de 2011. No me voy a expandir aquí en los detalles concretos, pero básicamente se resume en reducir en 40.000 millones el gasto en empleo público, reducir en 45.000 millones el gasto en prestaciones sociales, reducir en 10.000 millones el gasto en subvenciones y reducir en 25.000 millones el gasto en inversión pública (hoy otros recortes propuestos, pero los importantes son los anteriores). Tales medidas nos permitirían ahorrar en términos brutos unos 120.000 millones de euros y, en términos netos (caída de la recaudación y aumento de otros gastos) al menos 80.000 millones. Comparemos pues:

2011 2012 Plan Rallo
Empleo público 123.550 116.087 83.550
Subvenciones 11.820 10.060 0
Prestaciones sociales 193.761 197.211 148.761
Inversión pública 41.408 27.726 16.408

Es ciertamente probable que la cifra de prestaciones sociales, como consecuencia el inevitable incremento del desempleo a corto plazo, hubiese subido en 10.000 o 15.000 millones, pero aun así el efecto neto de reducción del gasto superaría los 100.000 millones de euros (que unido a la también inevitable caída de la recaudación fiscal terminaría arrojando un ahorro de 80.000 millones). Con un ajuste alternativo de 80.000 millones en el déficit, España habría cerrado 2012 con un déficit del 1% del PIB, suficiente como para que no se ponga ni mucho menos en duda nuestra solvencia.

De nuevo, disminuir a estas magnitudes el gasto total y, muy en particular, el gasto en empleo público y prestaciones sociales podrá parecer un desmantelamiento en toda regla del hipertrofiado Estado español. Ojalá, pero no: en términos nominales, la reducción propuesta nos dejaría en un tamaño del Estado propio de los años 2004 (en materia de empleo público) y 2007 (en prestaciones sociales). En términos reales, en un tamaño del Estado entre 2000 (en materia de empleo público) y 2004 (en prestaciones sociales). De hecho, el gasto total sobre el PIB habría cerrado 2012 en el 35% (en lugar del 44% actual), muy lejos, ciertamente del Estado cadavérico.

Mi impresión es que el PP podría haber acometido recortes de esta magnitud nada más ganar las elecciones con mayoría absoluta allá por finales de 2011 y principios de 2012. Tenía el capital electoral para hacerlo pero, en su lugar, optó por emplearlo para machacar a impuestos a la ciudadanía para minimizar los recortes de su sector público. El problema es que la estrategia de sangrar a tributos a familias y empresas apenas ha servido para mantener a flote la recaudación de 2011 al coste de provocar un hundimiento mucho mayor de la actividad económica del que se habría producido recortando los gastos. Y a estas alturas de la película, el Gobierno ya no está legitimado para acometer los dos grandes recortes que tiene pendientes: prestaciones sociales (¡cuyo gasto ha subido en 2012!) y empleo público (a quienes se ha prometido restablecer la paga extra en 2013). Y si no puede hacerlo, el déficit no bajará del 7% actual a menos que haya una milagrosa recuperación que es difícil que se produzca mientras las crecientes dudas sobre la solvencia de nuestro país sigan ahí.

En resumen: sí, en 2012 ha habido recortes del gasto, pero muy inferiores a los imprescindibles. Y en esto no valen medias tintas: los recortes del gasto y del déficit eran necesarios para restablecer nuestra solvencia. Si no la hemos restablecido (y con un déficit de más de 70.000 millones es difícil pensar que así es), apenas no sirven de nada. Es como querer mantener a flote una empresa que en lugar de perder 100 millones al año ha pasado a perder sólo 70: se han reducido las pérdidas, sí, pero continúa siendo una ruina y, mientras lo sea, estará abocada a desparecer. En esas estamos: en manos de un gobierno irresponsable obsesionado con minimizar los recortes necesarios del gasto para mantener su chiringuito a flote, con una ciudadanía cansada de ajustes que no surten efecto y esperando todos ellos una recuperación milagrosa que les permita regresar a los felices años de la burbuja. Desde luego, están presentes todos los ingredientes para que esto acabe del peor modo posible. 

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