Liberalismo en alta mar

Hace algunas semanas, diversos medios de comunicación publicaron que, a lo largo de los últimos años, el fundador de PayPal Peter Thiel, ha donado $1,25 millones de dólares al Instituto Seasteding, una iniciativa comandada por el ex ingeniero de Google Patri Friedman, nieto del Nobel de Economía Milton Friedman e hijo del destacado autor anarcocapitalista David Friedman.

¿En qué consiste este proyecto? Según sus documentos oficiales, la meta es “establecer comunidades marinas permanentes, autónomas, para la experimentación y la innovación con diversidad de sistemas sociales, políticos, y jurídicos”. La idea busca crear comunidades libertarias en alta mar, lejos de la jurisdicción de cualquier gobierno.

El proyecto ha suscitado un gran interés dentro del movimiento libertario, pero también entre ingenieros, arquitectos y constructores, como demuestran los diferentes proyectos dedicados a proponer la estructura ideal para estas ciudades flotantes. De hecho, numerosos alumnos e investigadores del prestigioso MIT se han interesado por el proyecto del Seasteding Institute.

En palabras del propio Patri Friedman, el principal anhelo de este proyecto es generar un sistema alternativo al de los gobiernos tradicionales. Empleando el idioma de Silicon Valley, Friedman ve las islas libertarias como una especie de “start-up” que podría llegar a convertirse en la competencia del Estado que conocemos hoy en día.

Así, conforme el éxito de estas islas libertarias fuese siendo cada vez más grande, los gobiernos de todo el mundo tendrían que imitar parte de su modelo político, económico y social para evitar el éxodo de personas decididas a apostar por estas ciudades flotantes. ¿Utópico? Desde luego… De hecho, creo que muchas de las críticas que podemos leer en este artículo deben ser tenidas en cuenta a la hora de valorar esta iniciativa. En cualquier caso, el proyecto es suficientemente provocador como para continuar avanzando el mensaje de la libertad en todo tipo de frentes.

A corto, medio y largo plazo, el Seasteding Institute opta por centrar su estrategia en cuatro campos de trabajo: en primer lugar, quiere crear una comunidad lo suficientemente entusiasta como para sacar adelante el proyecto; en segundo lugar, quiere invitar a todo tipo de emprendedores para que creen negocios en estas plataformas; en tercer lugar, busca crear oportunidades para los ingenieros que quieran involucrarse en el diseño de estas ciudades flotantes; por último, en cuarto lugar, busca establecer vínculos diplomáticos con los Estados tradicionales con ánimo de legitimar estas comunidades e integralas en la dinámica política global.

Si quieren conocer más sobre el Seasteding Institute, les recomiendo los siguientes enlaces:

– “The Seasteding Institute“. Página web oficial de la institución.
– “Cities on the ocean“. Análisis del proyecto publicado por The Economist.
– “Striking at the Root of Bad Government“. The Freeman analiza el proyecto.

BLUESEED

Además del proyecto de Patri Friedman, también merece la pena dedicar algunas líneas a otra iniciativa similar. Se trata del proyecto Blueseed, una “start-up” que quiere crear una plataforma en alta mar con el objetivo de crear centros de trabajo ajenos a la legislación estadounidense. Como dichas leyes son demasiado burocráticas a la hora de resolver asuntos como los permisos de trabajo, esta “incubadora” empresarial serviría para eludir las leyes estadounidenses, creando un centro de trabajo que tendría sus propias normas.

El diario El País explicó así el proyecto en diciembre de 2011: “Un empresario de California está recaudando dinero para trasladarse a alta mar. En concreto, a aguas internacionales, donde podrá contratar a todos los ingenieros extranjeros que necesita… sin tener que sufrir el entramado burocrático del sistema de visados de Estados Unidos. Max Marty, creador de Blueseed, le explicó a USA Today que necesita unos 10 millones de dólares para llevar su empresa a un buque capaz de albergar a 1.000 personas”.

La plataforma en cuestión estaría situada a 12 millas de Silicon Valley, por lo que el transporte se haría en barco y apenas supondría un desplazamiento de media hora. Como el centro de trabajo estaría en aguas internacionales, las leyes que asumirían estas compañías podrían estar vinculadas a cualquier país del mundo, lo que permitiría escoger la legislación menos hostil para el emprendimiento, escapando así del intervencionismo y la burocracia.

Peter Thiel, que también ha sido un inversor clave en el Seasteding Institute, ya ha anunciado que apoyará este otro proyecto, por lo que cada vez parece más evidente que el liberalismo navega con rumbo a alta mar…

Si quieren saber más del proyecto Blueseed, no dejen de ver los siguientes vídeos.

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10 respuestas a “Liberalismo en alta mar

  1. Gabriel F. dice:

    Esta idea suena muy interesante y me recuerda a la trama del videojuego Bioshock dónde se menciona una supuesta ciudad sumergida libre de la legislación de los países. Pero me pregunto, al poder elegir la legislación que más beneficie al empresario, no podría esto llevar a que los trabajadores se vean en situaciones pseudo-esclavistas con una carga de trabajo desproporcionada sin apenas derechos? Lo pregunto desde la ignorancia.

    1. diegosanchezdelacruz dice:

      Los trabajadores que escojan formar parte de este proyecto lo harán en pleno conocimiento de las condiciones que trabajo que van a tener. Además, el proyecto está orientado a profesionales de alta cualificación…

      1. denonomis dice:

        …”lo harán en pleno conocimiento de las condiciones que trabajo que van a tener”…
        Eso no te lo crees ni tú.
        No ocurre ahora, va a ocurrir luego en una especie de “ciudad sin ley”, que es en lo que se convertirán esos proyectos, pues potencialmente es lo que son.

        (y es crítica constructiva, que conste; ya me gustaría a mí que un proyecto de ese estilo saliese adelante… yo iba a ser el primero en irme; pero me temo que es una utopía total…)

  2. grunentahl dice:

    Estos proyectos no son nuevos. Algunos utopistas del SXIX intentaron cosas parecidas en tierras vírgenes de Brasil y Patagonia. Uno de ellos fue Blasco Ibáñez. Solían ser libertarios, contrarios al Estado, solidarios… Ero todos fracasaron. ¿Tendrán más éxito los del SXXI? Es cierto que las tecnologías han avanzado una enormidad, pero, ¿bastará con eso? Lo dudo. La naturaleza humana no ha cambiado nada en cambio. Si llega a hacerse, me temo que sólo funcionará a escala de “parque temático”…

    1. diegosanchezdelacruz dice:

      Pronto analizaré algunas de esas experiencias anteriores en este mismo blog. Creo que el tema es interesante, aunque es evidente que de la teoría a la práctica hay un mundo y la aplicación real de este tipo de proyectos es muy compleja.

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