Islandia sí rescató a los bancos

En los últimos meses, numerosos medios de comunicación han afirmado erróneamente que Islandia evitó hacer un rescate bancario ante su crisis financiero. El economista Juan Ramón Rallo desnuda tal ficción en los siguientes párrafos, tomados de un completo artículo sobre el tema que pueden consultar aquí. Más de un lector se sorprenderá al conocer que Islandia ha llegado a inyectar cuatro veces más dinero en sus bancos que EEUU….

Vayamos a la realidad: Islandia sí rescato a sus bancos y su rescate fue uno de los más onerosos y más injustos de todos cuanto se han producido en los últimos años.Para que nos situemos: en octubre de 2008, los tres grandes bancos islandeses —el Kaupthing, el Landsbanki Íslands y el Glitnir— quiebran. Su volumen de pasivos, alrededor de nueves veces el PIB del país, los vuelve irrescatables.

Cuando los tres grandes bancos quebraron, optó por nacionalizarlos para quedarse con todos sus activos; es decir, los activos, como sucede en todo procedimiento concursal, no pasaron a manos de los acreedores, sino de la administración pública islandesa. Una vez bajo control gubernamental, el Ejecutivo separó los activos y los pasivos de estos bancos en dos grupos: los activos y pasivos radicados en Islandia fueron a parar a tres bancos de nueva creación (los del Kaupthing se concentraron en al Arion, los del Landsbanki Íslands al Landsbankinn y los del Glitnir al Islandsbanki) y los activos y pasivos extranjeros los dejó en los balances de los antiguos bancos quebrados. Fijémonos en que la decisión es del todo arbitraria, pues los acreedores extranjeros tenían los mismos derechos de resarcirse mediante los activos radicados en Islandia que los acreedores islandeses.

Sin embargo, dejando el balance de los bancos a cero, estas entidades no podían operar. Necesitaban un mínimo de fondos propios que sirviera de colchón para las eventuales pérdidas futuras. Y es aquí donde más incomprensible me resulta el argumento de algunos liberales de que el Estado no rescató a la banca. ¿Cómo que no lo hizo? Les inyectó, sólo a sus nuevos bancos nacionales, alrededor de 0,27 billones de coronas: casi el 20% del PIB del país. ¿Qué sentido tiene acusar al gobierno estadounidense de expoliar a sus ciudadanos por inyectarles a los bancos menos del 5% del PIB mientras se alaba al islandés por “dejarlos quebrar”, ignorando que el rescate fue cuatro veces superior que en América?

Mas el despropósito no termina aquí. ¿Saben de dónde procedió el dinero con el que el gobierno islandés recapitalizó a sus bancos nacionales? Del préstamo de 2.100 millones de dólares (alrededor de 0,3 billones de coronas) que el FMI concedió a Islandia a finales de 2008; es decir, de los contribuyentes extranjeros. ¿En qué posición quedan entonces esos heroicos votantes islandeses que en dos referéndums han rechazado pagar con sus impuestos a los acreedores extranjeros cuando los votantes extranjeros no pudieron decidir si pagaban con los suyos a los acreedores islandeses?

Entiéndame: ni mucho menos apoyo que los islandeses sean esclavizados tributariamente de por vida para que unas personas que invirtieron erróneamente su dinero en Islandia no sufran ninguna pérdida. Pero obviamente tampoco apoyo que los ciudadanos extranjeros cubran las pérdidas de unos acreedores islandeses que no sólo se equivocaron sino que desde un comienzo se apropiaron de activos que no les pertenecían. Y aun apoyo mucho menos que se presente a la masa de contribuyentes islandeses (que en un altísimo porcentaje coincidirá con la de acreedores) como ejemplo de resistencia cívica. Muy bien: que sus impuestos no vayan a parar a los acreedores extranjeros, pero ya en tal caso ya pueden empezar por devolverles a éstos los activos que les correspondían y a los contribuyentes extranjeros los impuestos que no les tocaba recibir. ¿Qué tiene de ejemplar votar a favor de un default para no pagar más impuestos cuando te estás merendando los impuestos ajenos?

Pues bien, ¿creen que este grotesco aquelarre termina aquí? No, hay otros perjudicados a quienes no hemos mentado todavía. Por ejemplo, desde 2008, la corona islandesa se ha depreciado más de un 60% con respecto al dólar, lo cual ha espoleado durante unos años una galopante inflación interna. Los liberales no deberíamos aplaudir este fraudulento y pauperizador proceso, por mucho que nos alegre que haya algún inversor que no sea rescatado por el Estado y pierda dinero. Al contrario, por los mismos motivos que nos oponemos al proteccionismo o a las devaluaciones deberíamos plantarle cara a la amenaza que supone este emergente nacionalismo crediticio.

Más enlaces de interés sobre este tema:

– “Islandia, el mito de la utopía financiera al desnudo“, Alberto Artero (Sr. McCoy).
– “What is actually going on in Iceland“, Baldur Bjarnason.
– “Deep Freeze: Iceland’s Economic Collapse“, Philip Bagus.
– “El nada ejemplar rescate islandés“, Juan R. Rallo.

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