A comienzos de los 90, el Estado del Bienestar sueco se vino abajo. El paro subió del 2% al 12%. Se pagaba, como orden, el 56% de los impuestos, pero Suecia no resistió. El Banco Central de Suecia subió la tasa de interés al 500%, con niveles de hiperinflación dignos de los peores momentos de la economía en la historia.
El déficit público era de más del 11%. El gasto público superaba el 70%, un récord mundial en regímenes democráticos. El Estado se construyó desde la ingeniería social, y resultó ser inviable e ineficiente. Su planificación en Sanidad, Educación… dejó al sistema en franco estancamiento.
El gasto público es hoy inferior al 50%. Las cuentas están saneadas. Pero el sector público ha sido reconstruido, abriendo a la empresa privada y a las iniciativas de emprendimiento la participación en la economía.
Las escuelas son cooperativas, fundaciones, proyectos empresariales… Todas están dentro del “vale escolar”, y ninguna empresa puede cobrar un dinero extra. “¿Qué importa la naturaleza de la gestión si la gestión es buena?”, afirmó el primer ministro Göran Persson, electo por el Partido Socialdemócrata.
Esa izquierda no es intervencionista. Ha abrazado la libertad, pues entiende que no se puede hablar del pueblo y prometerle cosas, pero no lo hace desde la coacción y el intervencionismo. La mentalidad sueca es facilitadora de modelos eficientes, abierta a la gestión privada sin complejo alguno.
Nací en Santiago de Compostela, donde estudié en el Colegio Manuel Peleteiro. Durante mi paso por la Educación Secundaria y el Bachillerato participé en programas internacionales de intercambio en países como Escocia, Alemania o Inglaterra.
Con 18 años fundé mi propia empresa dedicada a la asesoría de comunicación y gestión. Tras años de experiencia como emprendedor, he continuado mi carrera profesional en el ámbito de la comunicación digital, trabajando para diferentes compañías multinacionales españolas. Los equipos de trabajo en los que he desempeñado estas funciones han recibido diferentes reconocimientos y premios nacionales e internacionales.
Entre 2010 y 2011 completé el Máster en Relaciones Internacionales del Instituto de Empresa (IE Business School). Soy Licenciado en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Antonio de Nebrija. Cursé mi tercer año universitario como estudiante internacional en la Universidad de San Diego SDSU en California, Estados Unidos. Posteriormente completé el Postgrado de Comunicación Política y Dirección de Campañas Electorales por la Universidad Pontificia Comillas ICADE, así como el Seminario de Comunicación Política y Electoral 2009 organizado por la George Washington University.
He participado regularmente como analista en diferentes medios de comunicación. Actualmente soy analista del Grupo Libertad Digital, dentro de su sección de Economía Libre Mercado. Además, soy columnista del Instituto de Empresa (IE Business School) en su web de Relaciones Internacionales. Con anterioridad he escrito para medios como El Correo Gallego o webs como Actibva, del Banco BBVA. En televisión he participado en programas informativos y de debate de caneles como 13TV, Discovery Max, LDTV… En radio, mis colaboraciones se han desarrollado en esRadio y Cadena Cope.
Soy miembro del Instituto Juan de Mariana.
18 abril, 2012 en 5:43 PM
Hay que tener en cuenta una cosa cuando hablamos de las privatizaciones en Suecia y lo utilizamos como ejemplo de lo que se podría extrapolar a España. Las empresas suecas son suecas, y las españolas, españolas. Lo mismo con los políticos y el resto de ciudadanos. Pocas cosas son comparables entre Suecia y España, pero una cosa sí puedo aclarar después de unos cuantos años viviendo en el país nórdico: la honradez sueca está muy, pero que muy por encima de la Española. No se imagina uno cuánto hasta que no lo vive. Y la madurez de la sociedad, probablemente derivada del alto grado de formación de la gente, es muy superior también a la de la española. Todavía es hoy, después de todos estos años, que no soy capaz de explicarle a un sueco los casos de corrupción que se producen en España y ante los cuales la sociedad no hace nada. Simplemente no lo conciben.
Un saludo.
6 septiembre, 2012 en 2:00 PM
Aún así; los países llamados “liberales” solo asentaron sus bases en una economía concentrada y no cumplen su función primordial de derramar y generar oportunidades viables para el desarrollo general. Por lo tanto, como Suecia tuvo que hacer reformas; os mal llamados liberales también y deberían copiar o mejorar casos exitosos de excelencia en materia de desarrollo general y sostenido que sabemos si funcionan, y no existen precisamente hoy en el ámbito (mal llamado) liberal.
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